Analistas 11/08/2020

Café, una cosecha de $9 billones

Con mucha euforia el gerente de la Fedecafé anuncia que este será un año en el que la cosecha terminará valiendo $9 billones, un hecho histórico por su valor nominal, ya que son $2 billones más que el año anterior. Se convierte en un alivio para los colombianos escuchar una noticia buena para los cafeteros, acostumbrados siempre a su chillido.

Aún queda para recolectar 55% de la cosecha en el segundo semestre, con lo que se demuestra que tenemos el privilegio de producir mes a mes, más de un millón de sacos, con pequeñas desviaciones, estabilizando la producción en los últimos cinco años en 14 millones de sacos, o un poco más.

Este fenómeno es relevante. Se logra gracias a que Colombia inicia su recolección en enero en Nariño y, termina en diciembre en la Sierra Nevada de Santa Marta, permitiendo al país ofrecer al mercado mundial café fresco todo el año. Esta transformación de la caficultura, extendiéndola por el mapa nacional es lo que más estabilidad ofrece al país, ya no somos de una o dos cosechas. ¡Tenemos el privilegio de producir café todos los meses!

El valor de la cosecha del primer semestre fue bueno, pero nunca la “la cosecha más rentable de toda la historia” como afirman en la Federación. Fueron décadas excelentes para el negocio las que se vivieron hasta 1989. En este momento ha ayudado mucho la tasa de cambio y el diferencial del café suave colombiano, que se ha mantenido por encima de US$0,40.

El país debe estar preparado para un anuncio pesimista como el del semestre pasado en el que indicaban que no habría trabajadores, y que la pandemia haría imposible la recolección. La cosecha se recolectó sin problema y Roberto Vélez pudo dar un parte de victoria al terminar el semestre.

Por lo tanto, no hay que creer en voces de alarma de un sector privilegiado en esta pandemia, cuando algunos dirigentes reclaman ayudas del Gobierno Nacional y crean pánico sobre la imposibilidad de recolectar una muy buena cosecha. Por el contrario, existe un protocolo de bioseguridad especial para la explotación cafetera; toca cumplirlo y trabajar con cuidado.

Tampoco es cierto que se tengan que desplazar más de 150.000 trabajadores. La población trashumante de los años 70 ya no existe, debido a la disminución de las grandes propiedades y a la dispersión del cultivo por 600 municipios. Solamente, unas 3.500 fincas -menos de 1%, que tienen más de 10 hectáreas-, van a necesitar trabajadores, que se convocarían en los municipios cercanos.

Sí se hace notorio en esta pandemia, la tarea pendiente que tienen la Federación de Cafeteros y el Gobierno, de conectar a los productores en forma virtual. Hace una década se repartieron las primeras tabletas, con el sueño de apoyar la asistencia técnica por ese medio o a través de un teléfono inteligente; ahora se ha demostrado que solo se requieren conectividad, liderazgo y voluntad política para reemplazar agrónomos rodando por las carreteras, por administradores de plataformas que garanticen que los mensajes llegan de manera amable.

El mejor ejemplo es la cédula cafetera que tantos obstáculos tuvo hace 15 años, inclusive por parte de los mismos dirigentes gremiales y que ahora se consolida como el dinero plástico de los cafeteros.