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Café en plastilina

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Guillermo Trujillo Estrada

Mi anterior columna ‘Orangután con olor a café’ fue percibida como una oposición personal al proyecto que crea el Fondo de Estabilización Cafetera. Lo que pretendía era alertar a los cafeteros sobre dos parágrafos imperceptibles, que abren la puerta para que sean obligados a aportar al Fondo, cuando los han ilusionado con recibir lo necesario para un ingreso mínimo.

Una cosa es no estar de acuerdo con que dicho fondo se nutra de recursos del presupuesto nacional, generando inequidades con relación a los demás productores agropecuarios y, de ser una pésima señal para mejorar la productividad; también estoy convencido que estos fondos se deben sostener con los recursos de los productores, como lo dice la ley. Otra muy distinta es alertar a los productores sobre el proyecto que aplauden y que, en la práctica, los obligará a aportar mediante la cesión de su ingreso.

Aprobado en el Senado: Artículo 11. MECANISMOS DE ESTABILIZACIÓN, el Fondo de Estabilización de Precios de Café podrá utilizar mecanismos como la cesión de estabilización y compensación de precios, teniendo en cuenta lo establecido en el artículo 40 de la Ley 101 de 1993; más adelante dice: PARÁGRAFO. El porcentaje de la cesión de estabilización que establezca el comité directivo del Fondo de Estabilización de Precios del Café se entenderá como un ahorro de los productores.

Por lo tanto, se otorga al comité la facultad discrecional de imponer qué parte del ingreso del cafetero va al Fondo, cuando estime que el precio es suficiente. En el Artículo 6. COMPETENCIAS DEL COMITÉ, parágrafo 3: Determinar los parámetros de precios y procedimientos a partir de los cuales se activarán los respectivos mecanismos de estabilización. Esto significa que puede imponer a los cafeteros una contribución adicional y otorgar la compensación a juicio del comité.

El libro verde fijó la hoja de ruta de la caficultura en el 2002, constituyéndose en un consenso como política de Estado para el café: Se publicó durante el gobierno de Andrés Pastrana, liderado por Juan Manuel Santos; Gabriel Silva, quien era uno de los miembros de la comisión lo implementó en el mandato de Álvaro Uribe y se terminó de ejecutar en el pasado gobierno.

Concluía la misión: “es fundamental que la conformación de un fondo de estabilización de ingresos sea una decisión tomada en forma amplia y democrática por todos los productores cafeteros. Esta consulta abierta le daría legitimidad al sacrificio del productor de una parte de los ingresos adicionales en épocas de aumentos de precios, cuyo objetivo es darle viabilidad financiera al fondo”.

Por lo tanto, se debe hacer una consulta pública a los cafeteros, para que decidan democráticamente si están de acuerdo con establecer una nueva contribución, que es lo que significa en realidad la cesión. Porque de continuar este proyecto que ahora hizo tránsito a la Cámara de Representantes para ser ley, por la puerta de atrás le estarían imponiendo a los cafeteros una obligación, engañados con el cuento de que esta será la panacea que les va a garantizar el ingreso. Deben relevar a los políticos del cumplimiento de esa promesa.

Finalmente, casi todo lo que propone el proyecto es la función del FONDO NACIONAL DEL CAFÉ (1940); los fondos son réplica y aquí se va a duplicar. Espero que esta columna aclare a los cafeteros que el proyecto como está contiene un orangután y que deben protestar democráticamente por el texto aprobado.

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