Analistas

Asoexport, café y posconflicto

El pasado 4 de noviembre se realizó en Cartagena la asamblea de los exportadores del café, responsables de comercializar 75 % de nuestro café en el mundo, sumado al Fondo Nacional del Café, como actor complementario que defiende la garantía de compra.

En un panel con cuatro compradores del mundo, se señaló cómo el minifundio cafetero saca hoy la cara por el país, con un crecimiento en la producción y demostrando que se puede replicar en las zonas marginadas y apartadas, y se convierten en la punta de lanza para integrar territorios y lograr legitimidad, equidad y productividad.

Además, quedó claro cómo el café conecta a los campesinos con el mercado mundial y el mundo globalizado, en la medida en que los programas de café especial implican calidad y sostenibilidad, creando disciplina entre los productores para garantizar la misma taza, por lo que los compradores pagan una prima, generando valor agregado que se convierte en dinero, cuando el consumidor en el resto del mundo paga por el mayor valor percibido.

Cuando los grandes compradores y los exportadores se involucran en estos programas, establecen una competencia por el café de alta calidad, obligando a los productores a la disciplina de las diferentes certificaciones internacionales,  logrando sostenibilidad económica, social y ambiental. La Federación Nacional de Cafeteros anunció que para los 100 años de fundación (en 2027) aspira a pasar de 40 a 100% de los productores certificados.

Estos programas demuestran que el valor agregado, se puede obtener sin transformar la materia prima, cambio que es fundamental en la mente de los líderes y dirigentes, que muchas veces inducen a aventuras fatales, cuando se puede lograr el mayor ingreso haciendo las cosas bien, de la mano de compañías que buscan conectar un proveedor permanente que produzca café siempre con la misma taza y una alta calidad.

El consumo crece en el mundo, principalmente en la población entre 18 y 34 años, que paga, por el, no solo por la consistencia en taza sino también por la sostenibilidad ambiental, demostrada.

Quedó reflejado el compromiso de los exportadores de aprovechar las diferentes calidades y sabores  para venderlo más diferenciado, transfiriendo mayor ingreso al productor. 

También hicieron énfasis en la necesidad de nuevas variedades y nuevas zonas aptas, que pueden ser la posibilidad para que los campesinos en el posconflicto se constituyan en fuente de mayor producción, dando el brinco a los 20 millones de sacos en los que insistió el ministro Cárdenas, repitiendo la historia de hace un siglo en el posconflicto de la guerra de los mil días, y el salto a 14 millones de sacos que hoy se ha logrado, en medio del conflicto armado. 

Vietnam pasó a ser el segundo productor mundial, fruto del programa implementado después de la guerra. Debemos repetir la historia y reconfirmar el café como el principal instrumento para combatir la pobreza en el campo, y generar tejido social para el posconflicto.

También quedó claro en esta asamblea que la agenda de litigios por la que lucharon en los últimos años Jorge Lozano, Jorge Humberto Botero y Carlos Ignacio Rojas desde la presidencia de Asoexport, terminó. Roberto Vélez fue claro en la libertad absoluta, sin restricciones al comercio. Con esta nueva visión el rey es el productor, siempre y cuando aproveche su condición de excelente agricultor, y no gaste lo poco que tiene tratando de sustituir el siguiente eslabón de la cadena.