Analistas

Muy machitos

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Guillermo Cáez Gómez

En días pasados se conoció la noticia sobre las denuncias de dos jugadoras de la selección femenina de fútbol sub 17, hechos que, según el relato, se presentaron cuando la selección se encontraba en preparación para el Mundial de su categoría que se realizó el año pasado en Uruguay. Como era de esperarse, la noticia ocupó por varios días los titulares de la prensa en el país sin que pasara nada -como todo escándalo en Colombia- frente a los responsables de tan graves acusaciones.

Todos tenemos claro que vivimos en un país dominado por el machismo, que no solo ha llevado al maltrato y al abuso sino al descrédito de las mujeres que se atreven a denunciar situaciones de acoso. Basta con recordar las declaraciones que el presidente del Deportes Tolima dio sobre su opinión de la liga femenina para tener una radiografía del pensamiento al interior de las directivas del fútbol: esas afirmaciones se quedaron en el escándalo del día en las redes sociales, sin consecuencia alguna por su malintencionado actuar.

Una vez conocidas las denuncias, muchas de las jugadoras se unieron en una sola voz para gritarles a esos que las quieren callar que ya no tienen miedo. El reclamo de sus derechos a no ser abusadas, maltratadas con menos salarios y ahora dejadas en el olvido porque ya no tienen nada “escandaloso” que pueda traer más audiencia a los medios de comunicación fue respondido por parte de la Dimayor con la cancelación de la liga profesional femenina, como si ellos pudieran jugar con los sueños, las carreras y la forma de vida de cada una de las mujeres que se dedica o quiere dedicarse a ser futbolista profesional; como si estuviéramos en la Edad Media y las mujeres necesitaran de nuestro permiso para hacer lo que a bien tengan con sus vidas.

Muy machitos se creen en la Dimayor con querer callar a las jugadoras acabando con la liga femenina. Este no es un hecho menor: quienes representan el fútbol colombiano han demostrado que no están en disposición de vivir en un estado social de derecho en el que tanto las mujeres como los hombres tengamos las mismas condiciones de trato y oportunidades, razón de peso para que todos y cada uno de estos directivos que votaron a favor de terminar con la liga deban ser separados del cargo por su conducta claramente violatoria de las garantías constitucionales.

No podemos permitir que situaciones como estas pasen desapercibidas y terminen siendo una historia más sobre las condiciones en las que seguimos manteniendo a las mujeres en el país y, con esto, volvernos cómplices silenciosos de quienes pretenden seguir indemnes en sus cargos pese a sus constantes abusos de poder. Alzo mi voz de protesta para unirme a las voces de las mujeres que están buscando reivindicar sus derechos, consciente de que el hecho de ser hombre y nunca haber sentido la desigualdad en carne propia no me genera conflicto alguno para solidarizarme y tratar de impedir que el debate por la igualdad de género en Colombia se pierda.

A último minuto y gracias al liderazgo de la vicepresidenta de la República se logró salvar la liga de este año, pero la lucha no termina aquí. Se debe garantizar la continuidad, la igualdad salarial y de patrocinios para considerar que, por lo menos, se está en condiciones equiparables con la liga masculina y, de la misma manera, que quienes son causantes de actos de abuso sean castigados, pues la reivindicación no es solo poder jugar, sino hacerlo libres de acosos y en condiciones dignas.

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