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La venta de Isagen es una inversión

Para nadie es un secreto que la venta de Isagen ha sido obstaculizada por un grupo de colombianos que legítimamente creen que o no es necesaria o que es una torpeza deshacerse de uno del activos mas rentables que tiene la Nación, con el objetivo de servir de fuente de financiación para construir la infraestructura que requiere el país a fin de entrar en serio al mundo competitivo. Esta posición, desde mi punto de vista, es respetable, pero no comparto del todo los argumentos.

Uno de los inconvenientes que ha perseguido al gobierno de Juan Manuel Santos es la equivocada estrategia de comunicación de sus políticas, entre ellas la venta de Isagen. No se ha tenido la capacidad de aterrizar el modelo de negocio financiero para que sea digerible por los ciudadanos que no tienen acceso a toda la información y cuyo entendimiento del tema se ve limitado a las noticias o los trinos de quienes están a favor o en contra. 

Es cierto que Isagen le produce al Estado una cantidad de dividendos anuales importante, pero que, como los aprobados el año pasado a la fecha, no han sido efectivamente recibidos por el Gobierno nacional y limitan con esto su capacidad de reacción por las normas que regulan el presupuesto que, para su información, establecen el límite de gasto, endeudamiento e inversión anual, por lo que no tener los recursos líquidos hace que sea muy bonito en el papel pero de difícil traslado inmediato para lo que realmente necesita el país. 

El negocio de Isagen es sencillo: cerca de los $5 billones que se obtendrían de la venta no se van a ir a inversión directa, es decir, es el modelo financiero básico de financiación y que usan empresas o personas naturales para poder generar acceso a créditos. Es entonces que, como lo hace cualquier empresa, el gobierno piensa volver líquido un activo patrimonial. Los recursos que se obtengan de la venta serán puestos dentro del sistema financiero como garantía para acceder a los cerca de $45 billones que se requieren para ejecutar el plan de infraestructura, dentro del cual se encuentran las concesiones viales de cuarta generación o 4G. Como siempre, los $5 billones, o lo que resulte de la venta, siempre estarán y no se perderán hasta que el crédito se pague. Es igual al caso de quien tiene un CDT por una cantidad y el banco le presta sobre este otra cantidad mayor: el CDT siempre seguirá a no ser que se entre en incumplimiento de las obligaciones. En este caso, el modelo construido y estructurado prevé todos los supuestos de hecho y que harán que este dinero que sale de Isagen no se pierda y sí podamos avanzar en infraestructura y competitividad. 

La venta, contrario a lo que se argumenta, no es una torpeza: es una inversión. Es indiscutiblemente una de las fuentes de financiación que requiere Colombia, por casos como los de Siemens o Varta, entre otras empresas, que han hecho importantes inversiones en el país al centralizar sus operaciones para Latinoamérica y se han visto seriamente afectadas por la falta de infraestructura o su pésima calidad, factor que hace de Colombia uno de los países menos competitivos por sus altos costos de transporte.

Generar dicha infraestructura hará de Colombia un país atractivo para que la inversión extrajera crezca en materia de generación de empleos directos e indirectos, compra de materia prima y demás, que son conexos a este tipo de inversiones, y salgamos del cliché de la inversión solo en el sector minero energético, cuyo valor agregado a la economía, como lo he reiterado y es conocido, es casi cero. Es por esto que quienes no han tenido la oportunidad de entender el modelo y se oponen, guiados por las pasiones y oposiciones de otros que trascienden de lo que realmente se debe entender por un interés nacional, podrían reflexionar a partir de esta sencilla explicación, que ojalá les sea útil para tomar una postura propia. Si me preguntan a mí, que se venda y entremos a la era en la que debemos estar.