Jaque al poder

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Esta semana ha transcurrido con muchas noticias que no han tenido la suficiente difusión o que, por lo menos, se han visto opacadas por el escape de alias Santrich. La primera que conocí fue el hecho de que hay testigos que aseguran que la campaña del expresidente Juan Manuel Santos recibió más de $3.000 millones en busca de lograr su reelección en 2014. Graves acusaciones, pero que retoman rumores que se dieron en el momento en que fue destapado todo el escándalo que involucró a un grupo de sociedades liderado por Odebrecht y Corficolombiana. Hoy toman fuerza esas versiones y espero que la justicia colombiana tenga la suficiencia para afrontar la arremetida y encontrar la verdad.

Por otro lado, fue revelado por otro medio que el hoy exfiscal anticorrupción (extraditado a EE. UU.) fue recomendado a ese cargo por parte del exvicepresidente Germán Vargas Lleras. En principio uno pensaría que puede ser un mal recomendado, pero genera muchas dudas que, en las grabaciones que se han conocido que sostuvo Daniel Coronell con el señor Moreno, este afirmara que fue designado a ese cargo con unos “fines y tareas específicas” ¿Esas tareas fueron asignadas por Germán Vargas Lleras? Las respuestas las deberemos encontrar en esta línea de investigación que se abre, pero con una Fiscalía que sigue generando muchas dudas frente a la capacidad real de destapar los verdaderos responsables de todos estos entramados.

Ambos casos vinculan a dos personas que han sido -a lo largo de la historia política reciente- protagonista en varios escenarios políticos y que ponen en jaque (de ser ciertas estas afirmaciones) a un grupo de poder que por años nos ha perpetuado en la idea de que el enemigo es otro, cuando son ellos mismos quienes han permanecido siendo el cáncer del país, haciendo metástasis en todos los organismos y sin que podamos erradicarlos. ¡Que caiga quien tenga que caer! Pero acabemos ya con nuestra realidad.

¿No están ustedes cansados de oír en las calles que este es el país “donde nada pasa”? Yo me cansé y me cansé de que nos dividan entre decentes e indecentes, entre uribistas y no uribistas, entre petristas o no petristas. Me cansé de estar en la mitad de un debate que lo único que ha traído a Colombia es muerte, destrucción, saqueo, división y pobreza. Estos dos asuntos necesitan de nuestra vigilancia como ciudadanos, los verdaderos veedores e interesados en que quienes nos representan paguen las consecuencias por sus malas decisiones y por contrariar el mandato que muchos electores les dieron.

Queridos lectores, es la hora de despertar. Nos llegó el momento de tomar las riendas del país, de aprender del caso del Perú y de que en este país acabemos de raíz los problemas de la corrupción. Y eso solo lo logramos si damos con los verdaderos responsables y no con los mandos medios, cuyas condenas tan solo han sido un ‘contentillo’ que nos dieron para tratar de calmar el escándalo sin que llegáramos a quienes también deben dar la cara, lo que, seguro, significará la puesta en jaque de clanes familiares que por décadas se han adueñado de las decisiones del país y a quienes les debemos nuestro fracaso como Nación. La única forma de evolucionar como sociedad es que logremos extirpar el cáncer de la corrupción y sus históricos responsables. Por eso debemos exigir a la Fiscalía y Corte Suprema que le den la cara al país y por fin saquen a la luz a todos los que son, sin tener en cuenta su “importancia”, para que terminen en el lugar que les dará la historia: ¡en la infamia!

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