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Crisis institucional vs inversión

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Difícil momento viven las instituciones en Colombia. De luto estamos los abogados por lo “casquifloja” que terminó siendo nuestra justicia -cuando el río suena, piedras lleva-. Complejo el tiempo por el que está pasando, en general, la credibilidad de las entidades del Estado en nuestro país. No es sencillo asimilar los constantes enfrentamientos entre quienes detentan poder político y que no hacen más que daño a la credibilidad y seguridad jurídica que se debe generar como clima para que la inversión actual no se asuste y se vaya, que llegue nueva y no solo al sector minero energético. 

A pesar de que los ciudadanos, en general, lo único que pueden o quieren identificar es el morbo en la pelea institucional, bien sea por compartir criterios ideológicos, filosóficos o eminentemente políticos de uno u otro lado de la contienda; el desangre que se genera por este tipo de dinámicas va mucho mas allá de los simples titulares de prensa, estas rencillas impactan de manera negativa la visión que quiera o pretenda mostrar el Gobierno, por que debemos ser realistas: esta radiografía que estamos viviendo en lo institucional no es más que el reflejo de lo imperfecta y “madurada biche” que está nuestra sociedad y el modelo de estado. 

Lo preocupante es que ante las altas expectativas que estamos generando como economía, lo que no quiere decir que seamos “los ricos del barrio” -como dijo Sandra Borda en su columna-, nuestra propia inviabilidad nos ha hechos viables, que contradicción. Lo que sí, es que estamos mostrando que actuamos como nuevos ricos en el poder, lo cual no genera mas que interrogantes e incertidumbres ante nuestra inmadurez institucional, sumada a nuestra promiscuidad económica traducida en acuerdos de libre comercio al por mayor que desde luego no van de la mano con estabilidad jurídica y política.  

Estos enfrentamientos, falta de credibilidad, escándalos y pugnas por el poder nos hacen más daño del que se imaginan. ¿Cómo creen ustedes que nos puedan ver los inversionistas? Nos visualizan como un matrimonio en pleno divorcio y los ciudadanos como hijos de padres en pelea constante por quien se queda con el carro o la casa; quienes son sensatos corren despavoridos en busca de mercados estables y los que no, están pescando en río revuelto como hijo que manipula a sus padres con regalos por el hecho de la separación. 

Como sociedad, debemos buscar identidad a nuestro interior y no en otro lugar diferente. Estamos justo en el punto donde todo va a explotar y no podremos rearmar los pedazos de país que va a quedar con tanto enfrentamiento; con él se va la inversión y el empleo al no generar las condiciones propias de la estabilidad y no seremos más que un fenómeno de algunos años, para pasar a ser un fracaso en otros más. Debemos reinventarnos como sociedad, hacer un borrón y cuenta nueva. De lo que llevamos avanzado, es poco lo rescatable, y sí mucho lo cuestionable. 

Esta ruptura del equilibrio, credibilidad e independencia institucional se va a reflejar en la relentización de la economía. No se puede ser ingenuo al pensar que este es un problema menor y que ocupa exclusivamente a sus protagonistas, nosotros, al no darle la relevancia, estamos siendo cómplices silenciosos de la caída en picada de nuestro probable cuarto de hora y la partida de buena inversión que ve como el país se desmorona producto tal vez de agendas personales y no nacionales. 
 

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