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Afirmaciones “caídas del zarzo”

El día lunes, gracias a la columnista María Antonia García de la Torre, circuló en Twitter una supuesta “chiva” con la lista de las personas que en 2010 hicieron aportes a la campaña del entonces candidato Germán Vargas Lleras, emitiendo una cantidad de juicios de valor, a todas luces temerarios, sobre un aporte en especie hecho por la periodista Darcy Quinn a dicha campaña. Al parecer, sus afirmaciones no son otra cosa que descubrir el agua tibia, porque para nadie fue un secreto que esta periodista fue la jefe de prensa de Vargas Lleras en su intento por llegar a la presidencia.

Según sus tuits de expectativa, se iba a limitar a difundir la información sin hacer calificaciones pero, curiosamente, de una lista de 74 personas, sus trinos siguientes se dedicaron a despotricar sobre una sola: Darcy Quinn. García de la Torre habló de falta a la ética profesional por su aporte, como si ser periodista impidiera ser ciudadano y creer en un proyecto político, independiente de lo que se diga por la relación de su esposo con el entonces candidato a la presidencia. 

Vale aclarar que estoy de acuerdo con lo dicho por García de la Torre cuando afirmó que “estamos hartos de que haya mucho medio que informa a medias”. Exigimos periodistas con rigor metodológico a la hora de investigar, toda vez que el título, sin duda, no es garantía de que sean idóneos y éticos. 

No obstante, sus afirmaciones no son otra cosa que la confirmación de que el hábito no hace al monje, que la “chiva” solo llegó a ser la ligereza del afán del rating a costa del otro y la temeridad en el supuesto hecho periodístico. Y sí, reclamamos lo mismo, señora García de la Torre, queremos periodistas que no improvisen, así que el ejemplo empieza por casa. Por mi formación profesional, debo decir que en este punto la temeridad no solo debe ser vista en el ámbito del ejercicio del derecho, debiendo hacer remisión obligada a lo que la Corte Constitucional ha dicho sobre el tema.

En Sentencia T-655/98, la Corte Constitucional ha dicho que la temeridad es la violación al principio constitucional de la buena fe, por lo que, al abordar el estudio del escrito que publicó la mencionada periodista, debió analizar el documento no solo por una persona de las sesenta y cuatro y, además, la lógica y el equilibrio periodísticos indican que debería haberles hecho las mismas preguntas a los empresarios, abogados y demás personas que decidieron ejercer parte de sus derechos políticos en apoyo a una campaña, a un modelo de gobierno en el que creyeron y por eso patrocinaron. 

Dicho esto, el análisis de la temeridad no se estanca en quienes ejercemos el derecho: aquella está, muy a mi pesar, haciendo metástasis en la labor periodística, producto de personajes populares en las redes sociales por su capacidad de desinformación o de personas que deshonran el oficio del periodismo y exceden su labor de control social. Y los colombianos, ciegos y limitados por 140 caracteres, seguimos el mal ejemplo haciendo retuits sin antes informarnos. 

El debate de fondo se desdibuja por la búsqueda de un chivo expiatorio que representa el papel antagónico del verdugo que prejuzga. Con quien más leal se debe ser es con nuestro contradictor, regla básica del juego limpio. Como todo en la vida, se debe encontrar el justo medio a la hora de liberar información en una sociedad ligera, ávida de tomar el camino corto, donde las personas no quieren vivir procesos sino ser famosas de la noche a la mañana, así sea a costa de la honra y el buen nombre de otros, encontrando eco en personajes en los que la doble moral abunda: para defender su causa piden a gritos imparcialidad, pero para descalificar a otros no actúan acorde con lo que exigen.