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Manzana de la discordia

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Germán Eduardo Vargas

Las sesgadas reglas comerciales desvirtúan la Denominación de Origen, ignorando la Soberanía del Patrimonio Natural, y subordinando la seguridad alimentaria a la propiedad intelectual. Refugiada en la UE, ante la «congelada» OMC, es descarada la disputa belga sobre la papa, y Colombia no debe seguir dando papaya.

Según la FAO, los principales productos cosechados en Bélgica son las Papas y Manzanas; las primeras, originarias de nuestra región andina, las capitalizan como «fritjes»: papas a la francesa. Ahora, menospreciando nuestra «tierrita», y acentuando el asimétrico proteccionismo hacia sus agricultores, demandan medidas «antidumping».

País bajo, su estrategia imita el caso holandés, que se convirtió en potencia floral usurpando y modificando semillas; claro, lo ornamental subyace a ese tubérculo que sustenta la dieta de millones de pobres.

Con estas medidas, Bélgica hace de la hambruna negocio. Igual que la malnutrición, y la contaminación; de hecho, el complemento de sus papitas es el estofado de carne, que deteriora nuestra salud y el ambiente, según la correlación determinada en ‘Multiple health and environmental impacts of foods’ (PNAS. November 12, 2019).

Esto compromete al debate sobre los impuestos a los alimentos «chatarra», como los waffles belgas, y el favorecimiento de los endémicos, para consumo local.

Volviendo a la papa colombiana, vale destacar aquellas iniciativas de recuperación y promoción de variedades «nativas», pues por conveniencia comercial se posicionaron algunas -sabanera, criolla y pastusa-, en detrimento de especies ancestrales que son más resistentes a las plagas -lo que favorece su producción orgánica-, y se adaptan de manera natural a nuestros microclimas, haciendo más eficiente su cultivo y costo.

Las multinacionales han manipulado nuestras semillas, y su retribución a los campesinos y el país, es miserable. Los invito a recuperar nuestras raíces, y «sustituir las importaciones», no como propuso la Cepal, sino comprando productos agrícolas de origen y procesamiento colombiano.

De otro modo seguirán jugando a los dados, con la naturaleza y con nosotros, como la manzana Cosmic Crisp, cuya promesa de valor es la conservación «refrigerada» durante varios meses, magnificando uno de los más ineficientes e insostenibles procesos de la cadena alimentaria. Además, su costo será el triple de las variedades estándar.

La manzana, símbolo de nuestra expulsión del Edén, y del descubrimiento de la gravedad, también fue apropiada por Jobs, en otro negocio que representa el pecado del consumismo tecnológico, y cómo la tecnología que nos consume; también es el segundo producto belga, país que también ha contribuido al drama del chocolate latinoamericano, y africano.

La globalización, tal como fue concebida, fracasó; Colombia debe proteger a sus campesinos, y a sus consumidores, entre los cuales se excluye una gran porción que padece hambre. Antes de pensar en ser la “Despensa del Mundo”, o seguir siendo su Conejillo de Indias, aseguremos la alimentación de nuestros ciudadanos.

Entretanto, Francia y la UE inician guerra comercial, agrícola y tecnológica, por la Tasa Google, y la disfuncional OMC tiende a extinguirse: los acuerdos siempre se realizaron usando la fuerza, y la resolución de conflictos manipuló las reglas.

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