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Las sesgadas reglas comerciales desvirtúan la Denominación de Origen, ignorando la Soberanía del Patrimonio Natural, y subordinando la seguridad alimentaria a la propiedad intelectual. Refugiada en la UE, ante la «congelada» OMC, es descarada la disputa belga sobre la papa, y Colombia no debe seguir dando papaya.
Según la FAO, los principales productos cosechados en Bélgica son las Papas y Manzanas; las primeras, originarias de nuestra región andina, las capitalizan como «fritjes»: papas a la francesa. Ahora, menospreciando nuestra «tierrita», y acentuando el asimétrico proteccionismo hacia sus agricultores, demandan medidas «antidumping».
País bajo, su estrategia imita el caso holandés, que se convirtió en potencia floral usurpando y modificando semillas; claro, lo ornamental subyace a ese tubérculo que sustenta la dieta de millones de pobres.
Con estas medidas, Bélgica hace de la hambruna negocio. Igual que la malnutrición, y la contaminación; de hecho, el complemento de sus papitas es el estofado de carne, que deteriora nuestra salud y el ambiente, según la correlación determinada en ‘Multiple health and environmental impacts of foods’ (PNAS. November 12, 2019).
Esto compromete al debate sobre los impuestos a los alimentos «chatarra», como los waffles belgas, y el favorecimiento de los endémicos, para consumo local.
Volviendo a la papa colombiana, vale destacar aquellas iniciativas de recuperación y promoción de variedades «nativas», pues por conveniencia comercial se posicionaron algunas -sabanera, criolla y pastusa-, en detrimento de especies ancestrales que son más resistentes a las plagas -lo que favorece su producción orgánica-, y se adaptan de manera natural a nuestros microclimas, haciendo más eficiente su cultivo y costo.
Las multinacionales han manipulado nuestras semillas, y su retribución a los campesinos y el país, es miserable. Los invito a recuperar nuestras raíces, y «sustituir las importaciones», no como propuso la Cepal, sino comprando productos agrícolas de origen y procesamiento colombiano.
De otro modo seguirán jugando a los dados, con la naturaleza y con nosotros, como la manzana Cosmic Crisp, cuya promesa de valor es la conservación «refrigerada» durante varios meses, magnificando uno de los más ineficientes e insostenibles procesos de la cadena alimentaria. Además, su costo será el triple de las variedades estándar.
La manzana, símbolo de nuestra expulsión del Edén, y del descubrimiento de la gravedad, también fue apropiada por Jobs, en otro negocio que representa el pecado del consumismo tecnológico, y cómo la tecnología que nos consume; también es el segundo producto belga, país que también ha contribuido al drama del chocolate latinoamericano, y africano.
La globalización, tal como fue concebida, fracasó; Colombia debe proteger a sus campesinos, y a sus consumidores, entre los cuales se excluye una gran porción que padece hambre. Antes de pensar en ser la “Despensa del Mundo”, o seguir siendo su Conejillo de Indias, aseguremos la alimentación de nuestros ciudadanos.
Entretanto, Francia y la UE inician guerra comercial, agrícola y tecnológica, por la Tasa Google, y la disfuncional OMC tiende a extinguirse: los acuerdos siempre se realizaron usando la fuerza, y la resolución de conflictos manipuló las reglas.
Su voto en las próximas elecciones es la decisión patrimonial más importante que tomará en esta década. En sus manos está la continuidad de los cuatro jinetes del fracaso apocalíptico de Colombia
Distánciate explica que las personas y organizaciones suelen quedar atrapadas en decisiones pasadas por apego a su identidad, incluso cuando la realidad ya cambió
También sería necesario conocer qué visión internacional existe para Colombia, qué papel se espera que desempeñe en medio de las nuevas tensiones globales y de qué manera esa estrategia contribuirá a resolver los problemas históricos del territorio nacional