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Naciones Unidas manifestó a BBC que no le sorprendió que “el mundo no fue capaz de unirse y enfrentar la covid-19 de forma articulada y coordinada” (1/5/2020), y CNN reactivó la inútil guerra de los sexos (Women leaders are doing a disproportionately great job at handling the pandemic), abogando por paliativos de discriminación positiva que procuran restauración socioeconómica: no unión y transformación.
Primerizas o advenedizas, una economista y abogada dirigen al FMI y BCE; económica y legalmente rubias, representan al statu-quo: legado de Schwartz, quien gestó a los «Chicago Boys» (aunque Friedman recibió el Nobel de Economía).
Lagarde reemplazó a Strauss-Kahn, por delito sexual; pasante republicana (EE.UU.), fue la primera dama en dirigir el FMI, donde malversó fondos públicos. Luego la invistieron como primera Presidente del BCE y sigue esquilmando, tal como durante la Gran Recesión, emulando al Mercader de Venecia.
Gopinath, primera Economista Jefe, se doctoró en Princeton (asesorada por Bernanke) y trabajó en Harvard. Adoctrinada, aboga por el egoísmo y la diferenciación de ingresos (por competencia); apócrifa, ostenta la nacionalidad ganadora, ridiculizando al Crecimiento Inclusivo.
Georgieva, primera Directora nacida en un emergente, dirigió el Banco Mundial; siguiendo el modelo, estudió Finanzas Corporativas en Harvard, donde validan que “algunos son más iguales que otros”.
Regresivas, esas improntas estaban presentes en otras conquistadoras, déspotas o «súper-poderosas», como Catalina la Grande y la Dama de Hierro. Bachelet, primera Secretaria General Adjunta de la ONU (reelecta en Chile, pese a las protestas), o la primera Presidente Europea -ahijada política de «mutti» Merkel-, impune de plagio en tesis doctoral.
En otros contextos, la primera Alcalde de Bogotá amplió la brecha legal-moral, aprovechando su fuero para fines personales. Arnold, quinta Nobel de Química (por la evolución dirigida), “no hizo bien su trabajo” para Science; la próxima Ig Nobel podría ser nuestra primera MinCiencias, y la primera Rectora de la U.N. clonó anteriores administraciones (#LaNachoSeCae y se escondió ante la pandemia).
Igual que Obama, quien tras bloquear a Hillary clamó por ellas (Women are better leaders than men, 16/12/2019), pero no apoyó a Kamala o Elizabeth (profesora de bancarrota en Harvard), que terminaron adhiriendo a Biden, aunque reconoció actos inapropiados contra mujeres (#MeToo). Por cierto, Michelle parece una celebridad; no líder social.
El quid-pro-quo aplica a la defección; también al problema agente-principal, cuando el «clientelismo meritocrático» justifica designaciones, políticamente correctas, que perpetúan la deuda, iniquidad o malicia del Machismo, mediante el «FMI-nismo».
Tal como cierta Lady, estas Mujeres Sabias (Molière) protestar demasiado y se lavan las manos (Macbeth), porque debajo de tanto maquillaje falta Humanismo (“Homo, sacra res homini”, Lucilio) y traicionaron la promesa de valor del liderazgo femenino: exhumar el Paternalismo del Bienestar y gestar el «Maternalismo» de un Estado de Equidad.
Recomiendo La Excelencia de las Mujeres (Plutarco) y Las Asambleístas (Aristófanes). Dejemos atrás la segregación e inequidad; es momento de unirnos para transformar la economía.
El hecho de que unos pequeños productores presenten casos exitosos -no más de cien- acompañados de múltiples fracasos, no significa que esa sea la salida para 500.000 familias
Estamos permitiendo que nuestros líderes jueguen, busquen el poder por el poder, mientras se licúan entre ellos y Petro, interviniendo descarada e ilegalmente en política, con su candidato ya están jugando, mientras los otros siguen barajando