jueves, 2 de julio de 2020

Más columnas de este autor Germán Bolívar-Blanco

La circunstancia actual del coronavirus ha entre comillas “virtualizado” muchas actividades, cuando lo cierto es que en esencia se han digitalizado, en tanto existen enormes diferencias entre ambas expresiones, donde la virtualización al parecer gana la pelea narrativa, aún en espacios supuestamente expeditos e ilustrados tales como los académicos y entre los medios de comunicación, que utilizan equivocadamente tal expresión, con lo cual se sustrae su auténtico significado e implicación, también generando gran confusión y desinformación.

Al revisar lo prescrito al definir ambos términos conforme la Real Academia de la Lengua, se encuentra que lo digital hace referencia a lo “que crea, presenta, transporta o almacena información mediante la combinación de bits”, o “que se realiza o transmite por medios digitales”; mientras lo virtual es “que tiene virtud para producir un efecto, aunque no lo produce de presente, frecuentemente en oposición a efectivo o real”, o mejor “que tiene existencia aparente y no real”, de ahí se deriva la conocida realidad virtual o simulada.

Se trata entonces de la contienda o pelea entre dos manifestaciones que tienen connotaciones opuestas, de la lucha o supremacía entre la verdad versus la mentira, entre lo auténtico y genuino contra lo ficticio e ilusorio, donde al igual que la aberrante discusión sobre la identidad de género, pareciera primar la ambigüedad, lo superfluo y la moda, con lo cual se deslegitima lo real y así se impone la falsedad, con enormes costos y perjuicios inauditos e insólitos que contaminan y dañan a toda la sociedad y de suyo, a la humanidad en conjunto.

Es así como la virtualidad disfrazada de atractivas luces y aromas cautivantes, hipnotiza y destruye al ofrecer sofismas inalcanzables o sueños perturbadores, que alardean la posibilidad de todo, haciendo más débil la debilidad, así como más oscura la opacidad; diferente a lo digital que se exhibe de forma sobria, sin presunciones, con la fresca fragancia emanada del poder de la verdad, donde la franqueza de sus expresiones y la contundencia de su forma fortalece lo que tiende a quebrarse y aclara con su diáfana luz los rincones abyectos.

Al participar en internet está batalla se hace presente, en continuo intercambio de roles y confusión entre lo virtual y digital, como si fuesen iguales, donde tal incertidumbre nos llega a todos, educadores, periodistas, técnicos y padres, entre otros, siendo lo virtual la representación de lo inexistente, de la falsedad con personajes escondidos con caretas y antifaces efímeros, tras lo que pretenden ser en abominable mentira; mientras lo digital es unitario e integral, porque la presencia de todos se da y hace de manera real y verdadera en encuentros genuinos llenos de oportunidades con personas ciertas y concretas.

Por eso cuidémonos de usar lo virtual si queremos trascender en lo digital.