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Tribuna Empresarial 17/03/2026

El café colombiano y el mercado más grande del mundo

Germán Bahamón
Presidente de la Federación Colombiana de Cafeteros
GERMAN BAHAMON

Regresé esta semana de la conferencia anual de la National Coffee Association en Estados Unidos con una convicción renovada: la relación entre Colombia y el mercado norteamericano no es solo comercial. Es estratégica, es histórica y, si actuamos con inteligencia, será transformadora.

La NCA reúne cada año a los actores más relevantes de la industria cafetera del mundo. Para Colombia, este escenario tiene un peso específico: ningún otro mercado concentra tanto de lo que producimos. De los 13,1 millones de sacos que exportó Colombia en el último año, 40,2% tuvo como destino EE.UU. Cuatro de cada diez sacos de café colombiano viajan hacia ese país.

Eso no es una coincidencia; es el resultado de décadas de confianza construida saco a saco.
Pero entender la dimensión real de este mercado exige ir más allá de los números de importación. EE.UU. consume cerca de 28 millones de sacos al año, el mayor consumidor del planeta, y los US$12,6 billones que importa en café se convierten en una actividad económica de US$343 billones. El café emplea a 2,2 millones de personas en ese país, representa 1,3% de su PIB total y 8% del PIB del sector de alimentos. El café no es una bebida en Norteamérica: es infraestructura económica.

Colombia llega a esa mesa con credenciales sólidas y su principal ventaja competitiva sigue siendo la calidad. En cada reunión que sostuvimos con clientes durante la conferencia, ese mensaje fue unánime.

La calidad del café colombiano sigue siendo el atributo diferenciador por excelencia. Pero los compradores pusieron el énfasis en algo adicional que debemos escuchar con atención: no basta con ser buenos; hay que ser confiables. La consistencia de esa calidad, su trazabilidad, su garantía a lo largo del tiempo, es lo que convierte a un proveedor en un socio estratégico. Eso refuerza la dirección hacia la que estamos migrando: la compra de café en cereza y su procesamiento a través de centrales de transformación. Ser custodios de cada etapa del proceso no es un asunto operativo; es una declaración de responsabilidad sobre lo que ponemos en el mercado.

La delegación colombiana llegó también con resultados concretos. La fábrica de café soluble liofilizado Buencafé, orgullo industrial de la Federación Nacional de Cafeteros, ya procesa más de 500.000 sacos al año, genera 1.100 empleos directos, exporta a 60 países y se convierte en 24 millones de tazas diarias. Norteamérica -EE.UU., Canadá y México- absorbe 43% de esa producción. Son cifras que hablan de escala, de tecnología y de la capacidad de Colombia para agregar valor antes de embarcar.

Almacafé presentó su nuevo foco estratégico: exportar café tostado en origen bajo marcas como Juan Valdez, Dios Mío Coffee y otras, además de cápsulas. El objetivo es aprovechar las ventajas del nearshoring para multiplicar por diez, en el mediano plazo, las exportaciones de tostado en origen hacia el mercado estadounidense. Exportar el grano ya es bueno.

Exportar la taza es transformador.

La tarea inmediata que tenemos es crecer la oferta de cafés de especialidad a través de la división Craft Coffee: cafés con procesos diferenciados y perfiles sensoriales más complejos, que se mueven en volúmenes pequeños y requieren una logística mucho más exigente que la del café convencional. Su canal natural son las tiendas de especialidad, un segmento que crece con fuerza en EE.UU. y que es atendido por pequeños tostadores con vocación artesanal muy definida. Llegar a ellos requiere una fuerza comercial especializada y la capacidad de construir relaciones con actores dispersos y altamente exigentes.

EE.UU. no es solo nuestro mayor mercado. Es el escenario en el que Colombia debe demostrar su verdadera ambición exportadora. Y lo que vimos esta semana indica que estamos listos para dar el siguiente paso.

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