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ANALISTAS 23/01/2026

Davos 2026: poder sin árbitros

Fredy Vargas Lama
Director del Doctorado en Administración

En Davos 2026, en la Reunión Anual del World Economic Forum -ese lugar donde los líderes públicos y privados más influyentes del planeta no solo intercambian ideas, sino que ayudan a marcar la agenda del año- un CEO de una multilatina entra al Congress Hall y se sienta con la libreta abierta, pero sin ganas de escribir. Llegó con un objetivo típico: entender riesgos, ajustar portafolio, leer el pulso de los mercados. Sin embargo, a los pocos minutos se descubre atrapado en otra cosa: un sentido de incertidumbre que no cabe en una matriz de riesgos ni se resuelve con un par de escenarios. No es “volatilidad”; es la intuición de que el tablero cambió, de que las reglas que ordenaban el comercio, la seguridad y la diplomacia se están debilitando, y de que -en adelante- la diferencia entre anticipar y reaccionar tarde puede ser decisiva.

En el Día dos, Macron (Presidente de Francia) y Carney (Premier de Canadá) no hablaron solo de coyuntura: describieron un cambio de época. Macron advirtió un mundo “sin reglas”, con instituciones multilaterales debilitadas y un derecho internacional cada vez más incapaz de contener las lógicas de fuerza. Carney fue igualmente frontal: sostuvo que el orden global se está reconfigurando, y que las potencias intermedias deben actuar con realismo con valores para no quedar atrapadas entre los gigantes. El CEO toma nota, pero la nota suena insuficiente: entiende el diagnóstico, no la salida.
En el Día tres, Trump termina de cambiar la temperatura del auditorio. Su estilo -transaccional, duro, directo- no solo contrasta: confirma que la competencia abierta por poder, activos y ventajas ya no es un subtexto, sino el texto principal. En los últimos meses, el patrón se ha vuelto más legible: presiones y mensajes sobre Venezuela, tensiones con China, e insistencia en Groenlandia como activo estratégico. Analistas internacionales han interpretado este enfoque como una política exterior donde la legalidad y el multilateralismo importan menos que el resultado y la demostración de fuerza.
Aquí aparece lo central del artículo: estas no son frases sueltas; son señales geopolíticas de corto y mediano plazo que, juntas, se convierten en señales de futuro. Y exigen algo que en América Latina solemos postergar: estrategia de largo plazo.

Cinco señales para Colombia (claras y accionables):

1. El multilateralismo pierde “dientes”: Menos capacidad real de las instituciones para arbitrar. Más acuerdos ad hoc, más decisiones por poder, menos protección para países medianos.

2. La geoeconomía manda: comercio como arma: Aranceles, estándares, sanciones y controles tecnológicos se usan como instrumentos políticos. Esto redefine acceso a mercados, inversión y financiamiento.

3. Territorio y recursos vuelven al centro: Groenlandia no es anécdota, es señal de competencia por rutas, bases, minerales críticos y energía. América Latina -minerales, biodiversidad, agua, alimentos- entra en la mira estratégica.

4. Seguridad ampliada: ciber, puertos, energía, datos: Defensa ya no es solo Fuerza Pública: es infraestructura crítica, ciberseguridad, resiliencia logística y control de cadenas de suministro.

5. Venezuela se “re-geopolitiza”: Más allá del debate ideológico, vuelve como variable dura de seguridad, migración, energía e influencia externa, justo cuando el entorno regional se hace más transaccional y menos institucional.

Para Colombia, con gobierno entrante en 2026, estas señales implican un cambio de enfoque inmediato. La pregunta no es “con quién simpatizamos”, sino cómo preservamos margen de maniobra. Eso exige: diplomacia económica profesional (no improvisada), diversificación real de socios (sin ingenuidad), modernización de seguridad (ciber e infraestructura crítica) y una narrativa internacional consistente: previsibilidad, cumplimiento, y capacidad de ser socio confiable en un mundo desconfiado.

El CEO de la multilatina vuelve a mirar su libreta. Antes, Davos era una estación para “leer el ánimo” y ajustar el plan anual. Hoy entiende que Davos 2026 fue otra cosa: un espejo del nuevo orden. Cuando el poder desplaza a las reglas, la incertidumbre deja de ser un riesgo y se vuelve el entorno. Y allí, Colombia solo tiene dos opciones: reaccionar tarde o anticipar con estudios de futuros aplicados a lo concreto -comercio, seguridad, vecindario, inversión- para construir, desde ya, una estrategia de largo plazo.

Al salir del Congress Hall, el CEO de la multilatina camina unos metros sin mirar el celular. Afuera, Davos sigue funcionando: fotos, reuniones, cafés, el ruido habitual de una élite que siempre parece tener respuestas. Pero él no sale con una consigna ni con una promesa; sale con una incomodidad más precisa: la certeza de que su empresa -y su país- ya no compiten en un mundo que premie las reglas, sino en uno que premia la posición. En la libreta, al final, no quedan frases célebres; queda una lista corta de decisiones que no admiten aplazamiento. Porque las señales de futuro no piden permiso para volverse presente. Y Davos 2026 no fue el lugar donde el giro se “anunció”: fue el lugar donde el giro se volvió normal, y por eso mismo, inevitable.

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