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Analistas 13/08/2026

Terremoto 2026

Francisco Barbosa
Exfiscal general

Hoy Colombia está golpeada. Un terremoto de magnitud 7,2 sacudió múltiples ciudades de nuestro país. Pereira, Cali, Manizales, Armenia, Quibdó y varias ciudades del norte del Valle fueron las más golpeadas. Los departamentos del centro del país también lo sintieron con fuerza. En Bogotá no tuvo el impacto de otras ciudades, pero zarandeó sus estructuras y produjo afectaciones.

Me duele mucho todo esto. Tengo vínculos familiares profundos con Pereira, Armenia y Cali. La tragedia hoy se cernió sobre estos territorios. Pereira fue una de las ciudades más afectadas. Son horas de dolor, incertidumbre y solidaridad con las víctimas y sus familias.

En medio de este difícil panorama, por lo menos queda claro que hay presidente y hay gobierno. Desde el primer momento se asumió la gestión de la crisis. El presidente De la Espriella ha liderado la respuesta a través de puestos de mando unificado (PMU) en diversos lugares del territorio nacional. El diálogo entre alcaldes, gobernadores y Gobierno central es esencial para actuar de forma adecuada ante esta situación.

El ordenamiento jurídico colombiano tiene herramientas para responder. Los alcaldes y gobernadores pueden declarar la situación de calamidad pública conforme a los artículos 57 y siguientes de la Ley 1523 de 2012. Además, cuando las circunstancias exigen una actuación inmediata, las autoridades pueden acudir a la urgencia manifiesta prevista en los artículos 42 y 43 de la Ley 80 de 1993, que permite utilizar mecanismos excepcionales de contratación.

Frente a las dimensiones de la tragedia, se hace necesaria la declaratoria del estado de emergencia económica, social y ecológica consagrado en el artículo 215 de la Constitución. La extensión de los daños y las necesidades de atención y reconstrucción exigen herramientas extraordinarias para movilizar recursos y responder con rapidez.

Para hacerlo, el presidente De la Espriella tendrá que acreditar varios aspectos. Primero, la gravedad de la calamidad: víctimas, municipios afectados, viviendas destruidas, daños en hospitales, vías y servicios públicos, así como la capacidad fiscal de los territorios. Segundo, demostrar que las facultades ordinarias son insuficientes; es decir, que la Ley 1523, el Fondo Nacional de Gestión del Riesgo, la urgencia manifiesta y los instrumentos presupuestales normales no bastan para atender la crisis.

También será necesario determinar el alcance territorial de la medida. La Constitución permite declararla hasta por treinta días en cada ocasión y establece un máximo acumulado de noventa días durante el año calendario.
Lo más importante será establecer para qué se necesitan los poderes extraordinarios: traslados presupuestales, recursos para recuperar hospitales, viviendas y vías, alivios tributarios, subsidios, créditos o mecanismos especiales de contratación. Cada medida tendrá que guardar una relación directa y específica con el terremoto. El objetivo debe ser movilizar rápidamente los recursos para atender a los damnificados e iniciar la recuperación de las zonas afectadas.

Una vez declarada la emergencia, la Corte Constitucional ejercerá control automático sobre el decreto declaratorio y los decretos legislativos que lo desarrollen. Examinará la realidad y gravedad de los hechos, la insuficiencia de las facultades ordinarias y la necesidad, proporcionalidad y conexión de las medidas adoptadas. El Congreso, por su parte, ejercerá el correspondiente control político.

La transparencia también será fundamental. Los recursos destinados a los damnificados y a la reconstrucción deben manejarse con eficiencia y trazabilidad. La publicidad de los contratos y el acompañamiento de la Contraloría y la Procuraduría serán esenciales para que la respuesta del Estado combine rapidez, eficacia y responsabilidad.

Colombia necesita actuar rápido: salvar vidas, atender a los heridos, recuperar los servicios y comenzar la reconstrucción. No es momento de divisiones, sino de unidad y solidaridad. Gobierno, autoridades y sociedad deben trabajar juntos para acompañar a las víctimas y levantar nuevamente al país. Colombia no se rinde.

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