Analistas

Y ahora las Farc nos divide

No solo voté “sí” sino que además salí a la calle a repartir volantes para promover esa opción. Perdí. Acepto que perdí. Pero también reconozco que han sido las Farc quienes le han causado un enorme daño a este país; no los del “no”. Increíblemente, muchos de los que votaron como yo, la han emprendido contra otros ciudadanos. Una actitud inexplicable: el odio y la rabia en nombre de la paz. 

La paz es tolerancia. La paz es serenidad. La paz es fraternidad. Gran parte de los perdedores no entiende eso. Las mayorías ganaron y esa es la democracia que, como lo escribí la semana pasada al citar a Churchill, es “el peor tipo de gobierno excepto por todos los demás”. Por eso, la legitimidad de esa votación no se puede desconocer.

¿Hubo desinformación? Claro. Mucha. Y de ambos lados. El jefe del equipo negociador, Humberto de La Calle, afirmó que quien votara por el “no” estaba en todo su derecho, pero que tuviera en cuenta las consecuencias pues el proceso se acabaría. Tras el resultado, de repente, sí se puede renegociar. Y por el “no” también existieron mentiras.

A pesar de esto, estoy convencido que los colombianos entendieron lo que votaban. En últimas, quienes apoyaron el referendo estaban dispuestos a tragarse “los sapos” contenidos en los acuerdos y el resto del electorado no tenía dicha disposición. Esto es legítimo y fue justamente la razón por la que se llevó a las urnas. 

Los grandes perdedores fueron las Farc. Deben renegociar y aceptar que lo acordado no es admisible para la mayoría del país. Pero en medio de la polarización pareciera que son los grandes ganadores. Ahora invitan a marchar a los colombianos “a favor del acuerdo” e ignoran la democracia de la cual dicen querer participar.

A raíz de esta polarización, hemos olvidado que debemos unirnos para exigirle a los guerrilleros más justicia, más verdad y más reparación hacia las víctimas como eje de la renegociación. 

Los cabecillas de las Farc no son héroes. Son los dirigentes de un grupo ilegal que ha maltratado a los más humildes de este país por décadas. La sociedad está dispuesta a perdonar hasta cierto punto pero no en las condiciones planteadas en el acuerdo. Tras una eventual firma renegociada, tienen mucho que cumplir para demostrarle al país que merecieron esa segunda oportunidad.

No nos podemos dejar dividir. La propuesta de repetir el plebiscito es nefasta pues quedaría el mensaje de que sino me gusta el resultado, repito la partida; un peligroso antecedente para cualquier país. Por otra parte, la idea de hacer aprobar el acuerdo en el Congreso, a pesar de haber perdido, es incluso peor.

No queda otra opción que sentarse, ver qué puntos exigen las víctimas y aprovechar el rechazo que sufrió el acuerdo para exigirle más a las Farc. Para que esto funcione, debe existir disposición de paz de las diferentes partes y no dejarse presionar ni asustar por Timochenko y compañía.

Me niego a creer que las rencillas políticas y diferencias entre quienes votaron “sí” y “no” sean superiores al dolor que nos han causado las Farc. 

Los invito a que nos imaginemos un escenario en el que los voceros de ambos grupos se ponen de acuerdo respecto a exigencias razonables, y les dicen a las Farc que el país no aceptó lo negociado y que ahora ellos deben ceder más en nombre de las víctimas. 

Sueño con un país unido que exige más a las Farc para lograr la tan anhelada paz. El comité del premio Nobel consideró que sí es posible. ¿En verdad es tanto pedir?