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UBI (Una buena idea)

Desde el siglo XVI se empezó a discutir si el Estado debería proveer ingresos mínimos a los más necesitados. Recientemente, ha tomado fuerza una extensión de este principio. El ingreso básico universal, también conocido como UBI, por sus siglas en inglés, consiste en una transferencia monetaria para todas las personas sin contraprestación en trabajo, y sin que dependa del patrimonio del individuo. En Colombia hay diferentes programas de transferencias cuyos beneficiarios son los más necesitados quienes son seleccionados en razón a que están por debajo de una calificación específica en el Sisbén.
No obstante lo anterior, existen dos grandes problemas. Primero, generan dependencia e incentivos negativos hacia la no superación de un puntaje determinado para no perder el beneficio. Existen muchas historias de personas que piden que su trabajo no sea formal con el ánimo de pertenecer al régimen subsidiado y no tener que pagar al sistema de seguridad social, lo cual genera una trampa de la pobreza. Segundo, se convierte en un foco de clientelismo y corrupción.
En cambio, el UBI funcionaría mediante transferencias directas fáciles de controlar administrativamente. Además, a través de giros electrónicos se podría garantizar que llegue a la población y no se desvíe en el camino a causa de políticos inescrupulosos. Igualmente, elimina el incentivo perverso de no progresar económicamente para no perder sus beneficios. Eso sí, el UBI tendría que complementar los actuales programas sociales que podrían recortarse, pero no eliminarse.
En un reciente libro titulado Basic income, dos académicos europeos detallan esta propuesta que cambiaría radicalmente el concepto de justicia social. Para ellos, si una persona no tiene la capacidad de actuar de acuerdo con sus deseos no es libre, aunque para gozar de esa libertad se requiere un ingreso básico que permita subsistir dignamente.
Según la propuesta, este tipo de políticas implicaría que en Colombia cada adulto recibiera $375.000 mensuales. Esto le daría a cada ciudadano la libertad de tener una base para subsistir de tal forma que pueda escoger trabajos que realmente le guste o ser emprendedor, y compensaría grupos como las mujeres quienes en muchos casos hacen labores no remuneradas.
A pesar de ser una gran idea, sus contradictores señalan que este esquema permite que personas perezosas, sin deseos de trabajar, sean mantenidas por quienes pagan impuestos y aportan a este fondo. Adicionalmente, podría reducir el número de individuos dispuestos a emplearse, si priorizan el tiempo libre a causa de ese ingreso adicional. Esto se podría superar al crear formas de financiación que no impliquen aporte de unos para subsidiar a otros; por ejemplo, a través de un fondo derivado de las regalías petroleras, al entender que todo lo que está debajo de la tierra nos pertenece en igual proporción; un tipo de herencia que recibiríamos todos, entre muchas otras opciones.
El UBI está lejos de ser realidad. No obstante, como proponen los autores del mencionado libro, se debe empezar con pequeñas acciones como lo sería un ingreso garantizado para cada adulto mayor sin ninguna condición o para adolescentes. Variaciones hay muchas. Se requiere hacer un seguimiento a experimentos actuales como los realizados en Finlandia para ajustar el modelo. Bien formulado, el UBI podría acabar con la pobreza, y de paso abrirle las puertas a miles de colombianos que no gozan de oportunidades básicas.