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¿Por qué somos un país subdesarrollado?

El futuro de un niño al nacer está determinado en gran medida por el país en donde vive. Si tuvo la suerte de que fuera uno nórdico, sus posibilidades son amplias; si nació en uno como Colombia, estas se reducen drásticamente. El por qué hay países ricos y pobres es un tema de arduo debate.

Hace algunos años, sorpresivamente, el libro ‘Por qué fracasan los países’ se volvió best seller. A pesar de ser un texto académico, despertó gran interés la solución que dieron los profesores Robinson y Acemoglu a ese enigma. Para ellos, la respuesta era una y aplicaba a todos los países: en la época colonial, en los sitios donde ciertas élites controlaron grandes cantidades de nativos, se crearon instituciones de naturaleza “extractiva”.

Bajo tal entendimiento, las instituciones -en términos económicos- crean oportunidades para unos pocos sin garantizar el estado de derecho. Desde lo político, el poder se concentra en unos cuantos y no existen pesos ni contrapesos. Pese a tener razón sobre este tipo de deficiencias en nuestras instituciones, exageran pues existen otros factores que inciden. 

Otra teoría es la Engerman y Sokoloff. Según ellos, la variable crítica eran los recursos naturales que existían en los territorios. Esto llevó a grandes desigualdades que impidieron la participación de una importante parte de la población en el desarrollo económico. Nadie puede negar que un país como el nuestro siempre ha padecido tales deficiencias.

Pero a esta historia se le debe sumar lo ocurrido en la época poscolonial. A pesar de la independencia, nuestros países quedaron débiles y no pudieron hacer parte de la revolución industrial. 

Para Coatsworth -Provost de la Universidad de Columbia-, esto se dio porque los gobiernos no tenían recursos para promover el emprendimiento y no existían derechos de propiedad claros que permitieran la innovación. La escasa generación de industria en esta época hizo que los países, hoy desarrollados, sacaran una gran ventaja.

Por último, no se puede desconocer las condiciones geográficas propias de la zona y la estructura poblacional. José Antonio Ocampo, con quien discutí estos temas en sus clases, considera que tales factores dictaminaron la forma como los diferentes países se integraron al mercado mundial. El lugar que ocupó la región en la economía global es crítico para entender por qué hay países desarrollados y subdesarrollados, o utilizando el aceptado eufemismo: “en vía de desarrollo”.

La realidad es que todos los factores influyeron en mayor o menor medida.

Stephen, personaje de la gran novela Ulises, memorablemente afirmó: “La historia es una pesadilla de la que estoy tratando de despertar”. Sin duda, esta frase refleja nuestra realidad. Estos indeseables legados son los que debemos superar si queremos desarrollarnos; pero seguimos adormecidos.

Al ver las últimas noticias nos damos cuenta de que todos los males de antaño siguen vigentes. La más reciente encuesta Gallup evidencia una imagen negativa del sistema judicial colombiano de  81%. Es decir, el estado de derecho, que es lo más importante para desarrollar un país, prácticamente no existe. 

Las exportaciones han caído 33% en marzo porque dependemos del vaivén del precio de los commodities y no de una industria nacional desarrollada para competir globalmente. En términos de desigualdad tenemos uno de los coeficientes Gini más altos del mundo que se encuentra estático hace años.

Queda clara entonces la respuesta respecto de por qué somos un país subdesarrollado.