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La cuarta revolución industrial

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La humanidad se prepara para una cuarta revolución industrial que unificará el mundo físico con el mundo digital. Pronto, las máquinas se comunicarán entre sí a través del internet e interactuarán de manera autónoma; aprenderán las unas de las otras. El impacto será, incluso, más profundo que el generado por revoluciones anteriores las cuales cambiaron radicalmente el mundo en su momento. 

La primera de ellas inició durante la segunda mitad del siglo XVIII con la invención de la máquina de vapor y el consecuente auge de la industria textilera y ferroviaria. La segunda se produjo en los albores del siglo XX bajo el modelo de producción fordista. La tercera se dio a conocer en la década de 1960 bajo el impulso de la tecnología. 

En la Cuarta Revolución, las fábricas inteligentes se adaptarán para mover sus módulos de producción como si fueran pedazos de lego, formando sistemas ciberfísicos que combinarán componentes mecánicos con componentes electrónicos para conectarse a todo nivel y generar cooperación entre ellos. 

En últimas, lo que se pretender es traer el “internet de las cosas” a los procesos de manufactura, de tal manera que los bienes estén equipados con chips mediante los cuales se comunicarán con las máquinas que los producen. 

Para ilustrar, Siemens ha desarrollado una embotelladora de líquidos inteligente. Cada botella contiene un dispositivo que transmite a la fábrica las especificaciones deseadas por el cliente, tales como tipo de líquido, de empaque, de tapa y de estampilla. A partir de esto, las máquinas se adaptan de forma automática y eficiente sin intervención humana. 

Este nuevo industrialismo impactará masivamente en las cadenas de producción, distribución y comercialización, buscando la flexibilidad y la adaptabilidad de acuerdo con las necesidades específicas de los consumidores. 

En una investigación realizada el año pasado, Accenture encontró que la preocupación más grande que tienen las empresas que pretenden incursionar en este tipo de industrias es “la consolidación de data dispersa”. La estandarización de los sistemas y lenguajes, para que las fábricas de un mismo sector puedan dialogar entre ellas, es una tarea urgente. 

Europa, y principalmente Alemania, ha tomado la iniciativa de promover la industria 4.0. El gobierno ha invertido €500 millones en este tipo de tecnología, teniendo en cuenta que empresas norteamericanas como Google y Facebook están adelante de líderes del pasado como Siemens y Nokia. Al respecto, la Canciller Merkel señaló: “debemos alcanzarlos antes de sobrepasarlos”.

En nuestro caso, Colombia debe prepararse velozmente. Si bien es cierto, existen esfuerzos de algunas industrias por innovar y producir tecnología de punta; estos no alcanzan el ritmo tan acelerado de los países del primer mundo. 

Según el Foro Económico Mundial la inversión de Colombia en innovación es de solo 0,2% del PIB, mientras que en Argentina y Brasil, este porcentaje es superior a 0,5%, cifra que resulta ser también baja si se le compara con el promedio de los países de la Ocde que es de 2,5%.

El actual Plan de Desarrollo aprobado recientemente tan solo posibilita la creación de parques tecnológicos y de innovación y da escasos lineamientos sobre transformación productiva, modernización empresarial y desarrollo e innovación.

Nuestro país tiene el gran reto de participar activamente en esta revolución; de lo contrario tendrá que importarla a un costo muy alto. Su único camino es el de invertir y generar verdaderas políticas educativas, de innovación y desarrollo articuladas con el sector productivo.
 

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