Analistas

Ídolos y mujeres maltratadas

Si hay algo que quiero sin peros es a la Selección Colombia. Pablito Armero es un jugador que supo recoger ese mismo sentimiento en el mundial. Su gran sonrisa e inigualable ritmo nos sedujo, nos robó el corazón y por eso lo convertimos en un ídolo. Sin embargo, por haber golpeado a su esposa, no debería volver a jugar en representación de los colombianos. 

Hago esta afirmación con tristeza por Pablito. Debe ser un gran muchacho y le reconozco el mérito de haber logrado imponerse a la miseria y a la falta de oportunidades que abundan en Tumaco; pero las consecuencias negativas de tenerlo en la Selección son profundas para nuestro país. La violencia intrafamiliar es un grave problema en Colombia. En 2015, hubo 74.972 denuncias por ese delito. Y, en una sociedad en la que muchas mujeres prefieren callar, es imposible dimensionar el número real de casos de maltrato.

¿Cómo reaccionaría el país si un ministro o un político hiciera algo tan grave como golpear a su mujer? No dudo que existiría un clamor general por su dimisión y, muy probablemente, se le acabaría la carrera. ¿Por qué? El servidor público es un referente y un ejemplo para todos. Al ser nombrado asume esa responsabilidad. Ser jugador del equipo colombiano e ídolo conlleva la misma dignidad. Infortunadamente, frente a los deportistas y los artistas, este tipo de actos no genera mayores consecuencias (recordemos a Sean Penn y Nicolas Cage, entre otros).

A diferencia de lo que sucede con un ciudadano del común, en esos casos además de las consecuencias legales, es necesaria la sanción social, pues al ser admirada la persona, el castigo debe ser un ejemplo y enseñar que ese tipo de actos serán castigados, reprochados y tendrán graves repercusiones.

Un estudio hecho en Canadá y publicado en el International Journal of Comunication sobre la influencia de las celebridades en los jóvenes, concluye que “el nivel de aceptación de ciertas afirmaciones políticas se incrementa con el aval de estas posiciones por parte de celebridades en la música y el deporte”.  

Quienes gozan del privilegio de influir tienen que aceptar que, como dijo Voltaire y después popularizó Spiderman, “Gran poder conlleva gran responsabilidad”. Los millones de niños, niñas y jóvenes que vean a Pablito vistiendo el uniforme tricolor que tanto sufrimiento y alegría nos trae, podrán concluir que cuando existe violencia doméstica, las parejas se perdonan y la vida continúa. 

Si una mujer recibe una paliza de su compañero podría entender de forma errada que debe perdonar a su agresor pues la esposa de Pablito no lo dejó y él sigue en la Selección con millones de colombianos adulándolo. O, peor aún, al ver la manera agresiva con la que trataron a la presentadora Andrea Guerrero al manifestar su inconformismo por esta situación, podría abstenerse de abrir la boca.

¡No! Un hombre que se aproveche de su fuerza para dominar, maltratar y golpear a una mujer no es solo un cobarde sino un delincuente. La antítesis de un ídolo.  Pablito no está condenado por siempre. Para regresar al equipo, tendría que convertir ese episodio en un punto de quiebre de su vida y no solo pedir perdón, sino que debe ayudar activamente a muchas otras mujeres a prevenir y superar la agresión.

Así Pablito meta el gol que nos clasifique al Mundial no debería estar en la Selección. El ejemplo de su convocatoria llevará a que el maltrato de las mujeres tenga menos rechazo social. Esta hipótesis fue confirmada con el vergonzoso “hashtag” que circuló el día del partido con Bolivia: #pabloarmeroesunguerrero.