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En defensa del “millennial”

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Los “millennials”, aquellos entre los 16 y 35 años de edad, son perezosos, malcriados, desenfocados, con baja autoestima, adictos a los celulares y a las redes sociales e incapaces de desarrollar relaciones duraderas, y mediocres en el ámbito laboral. Esto fue lo que dijo un reconocido comentarista en un video que se tornó viral en relación con esta generación (Ver: https://tinyurl.com/jkyyfsj).

Se trata de aproximadamente 2.000 millones de personas encasilladas en una generalización. Sorprendentemente, al juzgar por los cientos de comentarios que suscitó la publicación, muchos compartían lo dicho allí. Los “millennials” sí cambian de trabajo frecuentemente, se aburren haciendo lo mismo y buscan empresas que tengan un propósito más allá de lo económico. Si no están motivados se retiran o emprenden. Según Gallup, 60% está abierto a considerar un nuevo empleo en cualquier momento. Pero eso es bueno, no malo.

La época en la que nacimos -pertenezco al extremo de mayor edad del espectro “millennial”- tiene dos características fundamentales: acceso ilimitado a la información y una calidad de vida inimaginable para nuestros abuelos. Esto, a pesar de los tantos problemas que persisten hoy. Por citar un ejemplo, la tasa de pobreza extrema a nivel global en 1900 era de 85%; hoy es alrededor de 10%. Estos dos hechos han permitido que muchos de esta generación tengan la posibilidad de tomarse el tiempo para pensar, cuestionar y analizar el casi infinito abanico de posibilidades laborales y, por supuesto, comparar su situación no solo con compañeros de universidad, sino con el planeta entero. 

Sabemos que existen empresas que pagan bien y dan un buen trato a sus empleados, a la vez que tienen productos con impacto positivo. ¿Por qué contentarse con menos? Diariamente, vemos emprendedores que están cambiando el mundo, entonces, ¿por qué no crear un nuevo proyecto? Esto no es un síntoma de falta de compromiso, sino de talante y disciplina.

Las generaciones que hoy critican al “millennial” crecieron con poca información. Encontraban un trabajo y buscaban jubilarse en esa empresa pues poco sabían de lo que pasaba en otras latitudes y de otras oportunidades que podían existir. Lo que vivieron fue peor y me niego a aceptar la conclusión a la que llega Cypher en la película  Matrix: “La ignorancia es una bendición”. Por el contrario, soy fiel creyente de la máxima de Sócrates: “Una vida no examinada no vale la pena vivirla”.  Esto último es lo que caracteriza a la actual generación. 

Los “millennials” son el grupo poblacional con mayor nivel de educación en la historia. Su ambición emprendedora no se compara con las de otras generaciones cuyo 67% manifiesta que quieren hacerlo algún día. Aun así, y contrario al imaginario que existe, 44% de los miembros de esta generación cree que subir la escalera corporativa es la mejor manera de avanzar su carrera. Hay todo tipos de perfiles con un sin número de preferencias pero con la característica que tienen la información y la capacidad para escoger su camino. Lo que más valoran, según Delloite, es tener un buen balance entre trabajo y vida personal, seguido por la oportunidad de progresar y ser líderes. 

En conclusión, los “millennials” no son malcriados, son exigentes; no son perezosos son equilibrados; no son mediocres, se esfuerzan cuando están motivados; no tienen baja autoestima, por el contrario, creen que pueden cambiar el mundo. Tienen un potencial infinito que quien no lo comprenda y sea capaz de canalizarlo, corre el riesgo de aislarse de un tercio de la población mundial.

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