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Crecimiento económico y desigualdad

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Un reciente estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde) titulado “Todos juntos: ¿Por qué reducir la desigualdad nos beneficia?” señala que, para sus países miembros, la reducción de un punto en el coeficiente de Gini (tasa de medición de la desigualdad) les genera un incremento en la tasa de crecimiento anual de 0,15%. El mensaje es claro: la desigualdad incide negativamente en el crecimiento económico. 

 En el 2014, el coeficiente de Gini en Colombia fue de 0,538 lo cual nos ubicó en el deshonroso grupo de los quince países más desiguales del mundo. De acuerdo a lo encontrado por el estudio, esto nos generó pérdidas económicas difíciles de digerir. 

Si Colombia logra reducir este índice a lo que registra un país vecino como Perú, que es de 0,44, entonces gozaríamos de un crecimiento anual adicional de 1,5%. Y si llegáramos al coeficiente promedio de los países de la Ocde, que es de 0,31, el crecimiento adicional anual de la economía colombiana sería de 3,45%. 

Bajo un escenario de proyección de diez años los resultados son aún más alentadores llegaríamos a un crecimiento acumulado adicional de 15% en este periodo, y con el coeficiente promedio de la Ocde se acumularía 34% adicional. Estas cifras cambiarían radicalmente la cara del país. 

Para el gobierno es crítico entender y actuar frente a esta realidad ya que por varios años “sacó pecho” a causa de las altas tasas de crecimiento y de reducción de la pobreza; no obstante el coeficiente de Gini sigue prácticamente estático desde el 2012. 

El crecimiento económico de épocas recientes, impulsado por las locomotoras de los commodities, generó mayores beneficios para aquellos con altos ingresos pero no redujo la desigualdad. Crecer simplemente, sin políticas claras enfocadas en la reducción de la brecha entre ricos y pobres, no garantiza necesariamente la redistribución del ingreso.

Desde la época de Hernando José Gómez, primer director de Planeación Nacional del Presidente Santos, el Gobierno ha insistido en la reducción de la desigualdad como una prioridad. En aquella época, el funcionario resaltó tres grandes áreas en las cuales se priorizarían los esfuerzos: reducir la desigualdad regional, bajar la informalidad y mejorar la calidad de la educación. Un seguimiento a estas problemáticas demuestra lo poco que se ha logrado frente a estos temas. 

Para el caso de la desigualdad , el director de la Misión Rural, José Antonio Ocampo, resaltó que “mientras el analfabetismo urbano es del 8%, en el sector rural es del 26% y cuando el bajo logro educativo es del 45% en la ciudad, en el campo es del 87%”. 

La informalidad laboral sigue siendo alta pues prácticamente la mitad de la población, es decir el 49,5%, se encuentra en esta condición. Por último, la calidad educativa no ha mejorado pues Colombia constantemente ocupa los últimos puestos en las pruebas Pisa.

El estudio ya mencionado de la Ocde recomienda paquetes de políticas públicas que un país puede aplicar para reducir la desigualdad y estas no difieren significativamente de lo que había propuesto el Gobierno. Es evidente que para reducir la desigualdad lo difícil no es determinar la receta sino hacerla realidad. 

El Gobierno desaprovechó la oportunidad de distribuir mientras crecía lo cual hubiese establecido los cimientos de una economía robusta a largo plazo. El Plan de Impulso a la Productividad y el Empleo, Pipe 2.0, y otras medidas de choque ayudarán a mejorar el índice de crecimiento a corto plazo, pero hasta que no se reduzca el coeficiente de Gini, Colombia no logrará un alto crecimiento económico sostenido en el tiempo.

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