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Soberanismo = deforestación

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Eric Tremolada

Si califica la “utilidad” de las personas por su riqueza, raza y condición sexual, nada bueno podríamos esperar respecto de la conservación del medio ambiente. El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, no se caracteriza por su prudencia, tino, moderación o reserva. Emulando a Trump como candidato -y ahora presidente- no dudó en pronunciarse sobre todo y contra todos: no es discreto ni mesurado, llama la atención por sus declaraciones grandilocuentes, extravagantes y muchas veces irrespetuosas que nutren cientos de sitios Web.

Los líderes de hoy -inseguros y necesitados de vigencia- como señalamos el 25 de enero de 2017, se caracterizan por una inusual incontinencia verbal o escrita, esta última facilitada por las redes sociales que empobrecen la política y banalizan los debates. Superficialidad, que se centra en exaltar emociones sin importar lo que esté en juego. La preservación de la selva amazónica es crucial para el equilibrio ecológico, y para frenar -o al menos ralentizar- los cambios climáticos que enfrentamos. En sus 5,5 millones de kilómetros cuadrados concentra cerca de 30% de las especies conocidas de la flora y la fauna del planeta, configurándose como una de las regiones más importantes en biodiversidad y recursos naturales.

De ahí que hace 11 años surgiera el Fondo Amazonia, mecanismo de cooperación internacional -que de lejos- es el que más recursos ha aportado para reducir los gases de efecto invernadero por la deforestación, financiando 103 proyectos con aportes de Noruega cercanos a los 1.200 millones euros (94%), de Alemania, por 68 millones (5%) y Petrobras 1%. Las donaciones captadas se destinan a inversiones no reembolsables en proyectos de prevención, monitoreo y combate a la deforestación, además de la conservación y el uso sustentable de los bosques en el bioma amazónico. No obstante, el Gobierno de Brasil, de manera unilateral, cambia el cuerpo directivo del mecanismo y cancela el Comité Técnico que selecciona los proyectos a financiar, bloqueo con miras a indemnizar a terratenientes expropiados o a los que se les prohibió actividades productivas en las áreas protegidas.

Adicionalmente, en los últimos 12 meses, la Amazonia ha perdido 5.879 kilómetros cuadrados, 40% más que un año antes, según datos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe, por sus siglas en portugués). Cifra que cuestionó Bolsonaro y que le costó la destitución a Ricardo Galvão, director de la institución brasileña.

Por estas razones, Alemania repensará sus contribuciones al Fondo Amazonia, y por fuera de este anunció la congelación de 35 millones en ayudas destinadas a nuevos proyectos de conservación de la selva y la biodiversidad. Por su parte, Noruega anuncia que con lo que está pasando en el Fondo se queda sin base legal y técnica para continuar con sus contribuciones previstas, recordando que estas están condicionadas a “resultados verificados de reducción de la deforestación”.

Entre tanto, Bolsonaro, fiel a su estilo -con soberanismo exacerbado-, acusa a los europeos de comprar la Amazonia a plazos y responde, “tengo un mensaje para la querida Angela Merkel: coge tu pasta y reforesta Alemania. Lo necesitáis mucho más allí que aquí”, y “¿No es Noruega la que mata ballenas en el Polo Norte? (...) Coged el dinero e id a ayudar a Merkel a reforestar Alemania”.

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