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Quid del comercio latinoamericano

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El 26 de julio pasado, hicimos referencia a cómo la política de America Great Again corrompe el acceso previsible a mercados donde pierden los países que más se han beneficiado del sistema de reglas que lo garantizan. Entre estos, los de América Latina que suman 33 acuerdos de preferencias comerciales entre 20 países de la región, liberando cerca del 90% de su comercio.

Los desafíos que EE.UU. mantiene frente a China y la Unión Europea parecen ser los prolegómenos de una guerra comercial cuyos efectos se podrían atenuar con un marco ampliado de acceso previsible a mercados, potenciando la oportunidad para sus industrias. Un acuerdo comercial latinoamericano contrarrestaría parcialmente los efectos negativos sobre las exportaciones de nuestros países.

Conspira contra este propósito, la indecisión o ambivalencia política que ha sido una constante regional que no ha dejado cristalizar los procesos de integración. No obstante, como anotamos el 2 de noviembre de 2017, la lógica de la fragmentación podría cambiar con la apuesta de México de cerrar negociaciones de nuevos acuerdos de Alcance Parcial de Complementación Económica con Brasil y Argentina, y las discusiones en la Aladi para sentar las bases de un Acuerdo Económico Comercial Integral Latinoamericano.

Cambio que se ve ralentizado por las dinámicas políticas de las dos economías latinoamericanas más influyentes: primero, la debilidad del gobierno de Brasil y la incertidumbre respecto de su sucesor suman -por ahora- poco a este aperturismo y, segundo, no se despejan aún los interrogantes sobre si el nuevo gobierno de México mantendrá sin grandes cambios la política comercial con Latinoamérica, aunque se podría inferir que la concreción de la renegociación del Tlcan -por ser menos aperturista- llevaría a López Obrador a profundizar los procesos con sus socios latinoamericanos.

La incertidumbre brasileña no favorece el tan aplazado acuerdo comercial de la UE con Mercosur -que aunque parece más cerca de alcanzarse que nunca- necesita concretarse antes de octubre para que no dependa del resultado electoral y alcance a ser perfeccionado por las instancias europeas que en mayo de 2019 también se renovarán.

Este acuerdo daría una base normativa común para que la Aladi profundice hacia una nueva plataforma regional (11 de sus 14 miembros contarían con acuerdo comercial con la UE). Base normativa que dinamizaría los acercamientos entre la Alianza del Pacífico y Mercosur.

Aunque la clave de esta posible convergencia económica entre bloques no solo dependerá de sus líderes naturales, México y Brasil, sino también de la forma como se defina la suerte de la Comunidad Andina, CAN, que soporta la liberalización existente entre Perú y Colombia y la de estos dos con Ecuador y Bolivia.

Así, hay que definir antes la doble militancia de Perú y Colombia, tanto en la CAN como en la Alianza, por tratarse de dos procesos que pretenden mercados comunes y, por la misma razón, la doble militancia de Bolivia en la CAN y Mercosur.

Así, un Acuerdo Económico Comercial Integral Latinoamericano y la convergencia entre bloques pasarán por las decisiones de México y Brasil, y en el caso de este último, también por la CAN. Por cierto, la Secretaría General de la CAN en los próximos cinco años le corresponde a Colombia. Clave no equivocarse en la designación.

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