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Analistas 12/12/2019

Patio de segunda

Eric Tremolada
Dr. En Derecho Internacional y relaciones Int.

El 14 de diciembre de 2017 nos referimos a las “Trump…adas” no como actuaciones inconsecuentes de Trump, sino como un plan nacionalista que explica una política exterior aislacionista. No obstante, respecto de Latinoamérica no parece seguir una estrategia en ese sentido, pues los intereses políticos vienen delineando la gestión del presidente de EE.UU. en la región.

Los derroteros que marcaba Washington de democracia, derechos humanos y, en especial, economía de mercado, no solo dejaron de ser prioritarios sino que no le importan al inquilino de la Casa Blanca. En lógica aislacionista esto no es extraño y tampoco que esta obedezca solo a la agenda doméstica, sin embargo, las contradicciones constantes, la naturaleza arrebatada de Trump saltándose los procedimientos y recomendaciones de la Secretaría de Estado no responden a una lógica de relaciones internacionales sino a satisfacer a sus electores de manera coyuntural.

De ahí que la obsesión del muro en la frontera con México -sin colocar ni un ladrillo- dejó de ser tal, a partir de que López Obrador endureció los controles de ingreso y tránsito de centroamericanos al país azteca. Así, hoy -en sus palabras- tiene una “tremenda relación” con México mientras castiga a Brasil y a su álter ego, Jair Bolsonaro, quien lo imita y presume de la estrecha relación que tienen, imponiendo -vía tuit- los mismos aranceles al acero y al aluminio que a la Argentina que estrena nuevo gobierno de centro izquierda.

Por su parte, ya había eliminado la ayuda humanitaria en Centroamérica, estimulando el flujo migratorio que quiere combatir, y por su decisión hoy Guatemala, Honduras y El Salvador dejaron de ser considerados entre los países más peligrosos del mundo, para convertirse en “terceros países seguros” a los que pueden devolver miles de solicitantes de asilo.

Venezuela merece mención especial, tantas veces ha insinuado la intervención militar, como tantas otras ha anunciado opciones multilaterales y diplomáticas. El exconsejero de seguridad John Bolton quien apostó siempre por una línea más dura fue removido mientras Trump decía primero que se había extralimitado y luego que él era más firme que Bolton. En los últimos días el secretario de Estado, Mike Pompeo, y el enviado especial para Venezuela, Elliot Abrams, insisten en las bondades de haber reconocido al presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, como mandatario interino, a pesar que casi un año después, la situación no solo no ha cambiado, sino que la mayoría de los 54 países que lo reconocieron siguen con su personal diplomático acreditado en Caracas ante el gobierno de Maduro.

Colombia, el aliado más aplicado de la región, que desde hace un siglo exalta los valores comunes con Washington de democracia, derechos humanos y economía de mercado, además de las más recientes luchas contra la droga y el tráfico de migrantes, fue criticada por Trump, quien en abril afirmó que “el negocio de las drogas ha crecido 50%” en Colombia desde que el mandatario colombiano, Iván Duque, llegó al poder en 2018, y nos acusó, junto a Honduras, Guatemala y El Salvador, de enviar a propósito a sus criminales a Estados Unidos.

Muchas son las razones que explican las declaraciones de diplomáticos estadounidenses contra el jefe del ejecutivo, y que trate a la región como un patio de segunda es tan solo una de estas.

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