Nunca es tarde

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Finalmente se cerró el tardío Acuerdo Comercial entre Mercosur y la Unión Europea (UE) que transitó 20 años de frustraciones, caracterizados por inicios, altos y reinicios, que curiosamente cristalizaron en medio de una época en que se habla más de guerras comerciales que de marcos cooperativos. Fue la primera apuesta de integración económica de Europa en Latinoamérica y la más dificil de concretar, pese a que se iban cristalizando un importante número de TLC con países dentro y fuera de nuestra región.
Hablamos de un tratado de 32 países, los 28 de la UE y 4 del Mercosur, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay (Venezuela suspendido no está incluido), que suman 780 millones de personas. El producto bruto interno de los dos bloques equivale al 25% del mundial, esto es US$17 billones y su intercambio comercial alcanza los US$90.000 millones. Después de China, la UE es el segundo comprador de bienes del Mercosur, en 2018, las exportaciones ascendieron a 42.600 millones de euros y las importaciones a 45.000 millones. En materia de inversiones, según cifras de 2017, la UE es el mayor inversor extranjero en el Mercosur con 381.000 millones de euros, mientras que las inversiones de estos latinoamericanos en la UE ascendieron a 52.000 millones.
Grosso modo, los europeos -en un plazo máximo de 10 años- desgravarán el 99% de los bienes del Mercosur que ingresan a su mercado. De inmediato se beneficiarán el 80% de los productos industriales, y en una transición de hasta 10 años, se liberalizará prácticamente la totalidad. En relación con los bienes agroindustriales, para el 81,7% de los productos eliminará los aranceles de importación, y para el 17,7%, ofrecerá cuotas o preferencias fijas que serán administradas de forma compartida, evitando la discrecionalidad en su utilización.
Mercosur otorgará a la UE, en 15 años, preferencias al 91% de sus productos. Respecto de bienes industriales, eliminarán el arancel del 35% para vehículos, entre el 14% y 18% para componentes de automóviles, entre el 14% y 20% para maquinaria, hasta el 18% para químicos, hasta el 14% para productos farmacéuticos, el 35% para textiles y calzado, y el 26% para tejidos de punto. Los productos agroalimentarios obtendrán reducciones arancelarias: chocolates y confitería, 20%; vinos, 27%: licores y refrescos, 20% a 35%. Además, el sector lácteo obtendrá acceso sin aranceles, pero sujeto a cuotas.
Ambas partes se comprometen a implementar el Convenio de París contra el cambio climático, e incluirán disposiciones sobre la conservación de bosques, el respeto a los derechos laborales y la promoción de una conducta empresarial responsable. Para que el tratado entre en vigor, necesitará que se adopten los textos en 23 idiomas, se firme por las partes y pasen a control político de los respectivos parlamentos. Por el lado europeo, con la aprobación del Parlamento comunitario, el contenido económico podrá entrar en vigor de forma provisonal, mientras que el contenido político, necesitará la aprobación de los parlamentos nacionales.
El 2 de noviembre de 2017, refiriéndonos a la Aladi, hacíamos mención que si se concretaba este acuerdo, 11 de sus 14 miembros contarían con acuerdo comercial con la UE, brindando una base normativa común para profundizar hacia una nueva plataforma regional. No desperdiciemos la oportunidad.

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