Escalada en Ormuz

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Una vez más el estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del petróleo que se consume en el mundo, centra nuestra atención. La semana pasada cerró con dos incidentes que suman a lo que hace un mes denominamos provocación perfecta. El primero, anunciado por el presidente Donald Trump quien aseguró el avistamiento de un dron iraní a menos de mil metros del buque de asalto anfibio USS Boxer, que no atendió a los llamamientos y que supuestamente por estas razones no había regresado. Sobre el mismo, el general Abdolfazl Shekarchi de las Fuerzas Armadas iraníes, aseguró que todos los aparatos que salieron en misión volvieron a su base.

El segundo incidente que versa sobre la captura de dos barcos, se suma a los sabotajes -no aclarados- a seis petroleros que transitaban por las aguas del estrecho, y se produce, “coincidencialmente”, el día en que la Corte de Gibraltar ampliaba a 30 días el período de detención del petrolero iraní Grace 1, buque aprehendido porque presuntamente transportaba crudo a Siria. Irán anunciaba la captura del petrolero británico Stena Impero que cruzaba el estrecho de Ormuz sin “respetar el derecho marítimo internacional”, toda vez que no respondió la llamada de auxilio de un barco de pesca con el que había chocado, conduciéndolo al puerto de Bandar Abbas para investigar lo sucedido, mientras los 23 tripulantes permanecen a bordo. Incidente negado por el armador del buque quien asegura que el barco cumplía con todas las regulaciones y se encontraba en aguas internacionales cuando fue interceptado.

Adicionalmente, sin mención por parte de los mandos iraníes, 40 minutos después del asalto al Stena Impero una embarcación con bandera liberiana, pero de propiedad británica, el Mesdar, fue abordada por los iraníes, aunque pudo seguir su curso tras ser liberado. El ministro de exteriores británico, Jeremy Hunt, calificó estas acciones de “inaceptables” que, por cierto, se dan una semana después de que las fuerzas navales de la Guardia Revolucionaria intentaron capturar uno de sus navíos y a los 15 días de que el Reino Unido elevara a nivel de “crítica” la amenaza que sufren sus barcos en el estrecho.

Más allá de que la armada invensible dejó de serlo hace mucho, el secretario de Estado de Defensa del Reino Unido, Tobias Ellwood, reconoció que la “Armada Real es demasiado pequeña para gestionar todos nuestros intereses a lo largo del mundo”. La razón de esto, como lo resaltamos en su momento, se originó en las decisiones de Washington, que pese al cumplimiento extricto de Irán al Plan de Acción Integral Conjunto (Joint Comprehensive Plan of Action-Jcpoa), le reactivaron las sanciones desde 2017 y siete meses después los Estados Unidos abandonó el pacto nuclear sumando sanciones a las existentes.

Entre tanto, Teherán está respondiendo a la política de máxima presión de EE.UU., que le imposibilita vender petróleo a causa de las sanciones y blofea con ir saltándose progresivamente algunos de sus compromisos del pacto nuclear.

Insistimos, no solo está en juego el abastecimiento de crudo y el encarecimiento de los seguros para el transporte marítimo, estamos transitando de una escalada verbal a una serie de hechos que solo esperan la provocación perfecta, que ya no solo calificarán los “adalides” Hasan Rohani y Donald Trump, sino el nuevo inquilino del 10 de Downing Street.

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