Analistas

En seguros: inseguridad segura (2)

Continuando con la inseguridad en los seguros, desenvolveremos la historia. Después de nuestra frustración con Generali -que nos hacía responsables de su inadecuado servicio, por tener un “vehículo de marca y modelo descontinuado”- comprobamos que en el país no se vela por las buenas prácticas. El 1 de diciembre presentamos una nueva queja, esta vez con copia a la Superintendencia Financiera y a Fasecolda. Estas dos últimas contestaron primero, la Superintendencia señalaba que había ordenado a Generali respondernos en 10 días hábiles, y el segundo, que como Federación de las Aseguradoras en Colombia no tiene competencias de veeduría. 

La respuesta de Generali llegó el 15 de diciembre -otra vez por correo electrónico- y en esta ocasión reiteraron nuestra responsabilidad por tener un vehículo descontinuado, y con cinismo nos agradecían las quejas para mejorar sus servicios de atención al cliente y citaban la letra pequeña para indicar que no hay derecho a ninguna indemnización, pues la “Compañía habrá cumplido sus obligaciones restableciendo en lo posible y en forma tal que el bien quede en las mismas condiciones objetivas en el momento inmediatamente anterior al siniestro, sin que sean de su cargo los perjuicios derivados de la demora de las reparaciones”.  

Al final, entregaron el vehículo el 18 de diciembre, sin la tapa de la gasolina -que aún no la importan- sin un adminículo denominado guarnecido y con problemas de cerrado en las dos puertas del lado derecho. Eso sí, durante los 79 días que permaneció el automóvil  bajo su custodia, no dejaron de cobrar la póliza para un carro que no circulaba, y con la renovación, pretendía subirnos la cuantía de la prima en un 50% por el siniestro. 

Se dice por ahí que mal de muchos consuela. Como catarsis, cito el peloteo y demora que sufrió desde el pasado 1° de mayo Jorge Andrés Rodríguez con la misma compañía, pese a que tenía un vehículo no descontinuado y, por su parte, traigo a la memoria de los lectores la denuncia pública que la señora Liliana Prada hizo en una emisora de radio el 2 de enero de este año. Ella, junto a su familia, se varó en la Vía del Sol -a una hora de Santa Marta- y tuvo que pernoctar ahí desde las 8 de la noche hasta las 5 de la mañana, porque la grúa que trabaja con Generali decía que era una zona roja e insegura. En el caso de doña Liliana el servicio se presta según la seguridad de la vía, en el nuestro según la continuidad del vehículo en el mercado. Sin embargo, a la hora de contratar con la compañía Generali Colombia nos seducen vendiéndose como la mejor opción en ventajas y beneficios, nos garantizan resultados y se anticipan a nuestras necesidades y aseguran que estarán siempre disponibles y asequibles. 

Esta compañía o no es clara con la información sobre restricciones, limitaciones, excepciones y condiciones adicionales para la prestación del servicio, o lo expone, de manera intencionada, para inducirnos al error. Tiene razón Generali: su actividad “tiene una repercusión final sobre la calidad de las personas”, claro no precisamente en la seguridad, servicio, asesoramiento y riqueza, ni porque contribuya a mejorar el estilo de vida elegido a largo plazo, como pretenden, sino, por el contrario, recordándonos que no hay nada más inseguro que un seguro, y que en Colombia las buenas prácticas solo están en el papel por la ausencia del Estado y por la presencia de unos gremios cómplices.