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Corrompiendo el acceso a mercados

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En vísperas del tercer encuentro de ministros de finanzas y presidentes de bancos centrales del Grupo de los 20, desde la cuenta de Twitter del autodenominado @realDonaldTrump se aseguraba que Washington estaba listo para aplicar aranceles a todos los bienes que llegan del otro lado del Pacífico, llevando al límite la guerra comercial con China. No obstante, como todo bravucón matiza y dispara, señalando -por un lado- que la fortaleza del dólar le complica ganar la batalla, mientras asegura que Pekín y la Unión Europea manipulan sus divisas para aliviar las restricciones. Acusación que llegó incluso a su propio Banco Central (la Reserva Federal) por crear ventajas a los competidores de “América” subiendo los tipos de interés.

Con propósitos electoreros -aprovechando un crecimiento de 3% y el casi pleno empleo- las Trum…padas -en palabras de Federico Steinberg- no miden más allá de las elecciones de noviembre de este año y acaso conseguir su reelección en 2020. Mr. President, no entiende que el impacto negativo de los aranceles sobre el acero, el aluminio, las lavadoras, los paneles solares, las aceitunas negras, los automóviles y la interminable lista de productos chinos sobre los que ha anunciado barreras, invita a los temerosos inversores y a los bancos centrales a ser prudentes, acumulando activos en dólares (bonos del Tesoro de los EE.UU.), que como resultado revalúan esta divisa y le restan competitividad al exportar.

Lamentablemente no solo está en juego la -envidiable- autonomía de la Reserva Federal de su propio país, ni los efectos de una guerra comercial, sino -lo que es más grave- y lo que tanto comentamos en esta columna, se está derruyendo el multilateralismo. Se viene minando la confianza en todo tipo de órdenes jurídicos cooperativos, entre estos los económicos acabando con la predictibilidad necesaria para acceder a los mercados y ampliar los intercambios comerciales. Reventó los compromisos derivados del acuerdo de libre comercio de América del Norte (Nafta) e interpreta, de manera amañada, el artículo XXI de la Organización Mundial del Comercio (OMC) que autoriza excepciones por razones de seguridad nacional para justificar sus medidas frente al acero, el aluminio y los automóviles.

A su vez se queja de las represalias de los que llama “enemigos” y bloquea el mecanismo de solución de disputas de la OMC impidiendo la renovación de sus jueces. Así, la OMC se enfrenta -paradójicamente- al país que más fomentó la expansión y regulación del comercio, y que hoy, por un lado, trata de paralizar su mecanismo de solución de disputas y, por el otro, fija el alcance de la cláusula de seguridad nacional para cerrar mercados, con la amenaza latente de que si la respuesta no es a su medida, “América” abandone la organización y si lo es, otros miembros se protejan con el mismo argumento.
America Great Again da réditos internos mientras se impone un agresivo unilateralismo, que suma al desprestigio de una nación que por décadas fue el poder regulador y que hoy compite con la creciente asertividad de China y de Rusia, mientras una Unión Europea desacertada define -sin auténticos liderazgos- su futuro. Sin liderazgos de alternativa crítica y en defensa de un acceso previsible a mercados, pierden los países que más se han beneficiado del sistema de reglas que lo garantizan.

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