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El caballo como parte del cambio rural en las ciudades

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El país vive hoy una realidad diferente, y para quienes  trabajamos en el sector agropecuario, creemos que la Colombia de las últimas décadas, indiferente y distante del campo, y de aquellos que veían al sector rural únicamente como el que abastecía su despensa doméstica, hoy piensan distinto, le dan otra mirada a quienes hacen posible el funcionamiento de la cadena productiva, base de nuestra economía.
 
La transformación de la mentalidad urbana es un reto para cualquier estudioso del comportamiento, sin embargo este mes de agosto será recordado en la historia del país como una fecha que marca un antes y un después en cuanto a la percepción que se tenía sobre el tema agrícola y pecuario, es el cambio rural en las ciudades, del cual también hace parte el gremio equino.
 
Todos los sectores han visto reflejada su realidad en las protestas generadas en todo el país y el medio equino al cual pertenezco no es ajeno a esta coyuntura nacional. En Fedequinas, el gremio que reúne a 24 asociaciones equinas en todo el territorio nacional, vemos también nuestra realidad transformada, las regiones que planean durante un año completo sus eventos más representativos se ven afectadas por la situación de orden público que vive el país, y se ven abocadas a cancelar, posponer y reprogramar ferias que de una forma u otra  generan más de 30 empleos directos e innumerables  indirectos por evento. 
 
El gusto de nuestros compatriotas, así como de extranjeros por el Caballo Criollo Colombiano ha logrado que la presencia de los ejemplares equinos en los escenarios feriales jalone a otros sectores a participar, como las empresas que producen alimento para animales, insumos agropecuarios, maquinaria agroindustrial,  transporte, laboratorios farmacéuticos veterinarios, marroquinería, calzado, medios de comunicación, sector financiero, gremios y otros más. De las 186 ferias equinas que se realizan en todo el país, entre grados a y b, la mayoría de ellas -84- tienen lugar en el segundo semestre del año, movilizando cada mes un promedio de 250 personas entre montadores y palafreneros, que están a cargo de cuidado, supervisión y exhibición de un número que supera los 1000 caballos cada vez. Más de 30 personas se emplean en  cada exposición equina, entre quienes están veterinario, director técnico, locutor, personal administrativo, de seguridad, alimentación y oficios varios.
 
Nuestro país como productor del Caballo Criollo Colombiano genera oportunidades y valores agregados a varios sectores, entre ellos el turístico, cada exhibición, competencia o concurso equino trae como asistentes a la familia en pleno, que se desplaza hasta el lugar de realización del evento, y no sólo grupos familiares sino todos aquellos que reúnen intereses frente al caballo como elemento de disfrute, pero también de negocio. Muchas transacciones se generan tras el paso de un Criollo Colombiano en una pista, porque allí el ejemplar exhibe sus mayores virtudes, su potencial y quien asiste a una feria para adquirir genética equina, la adquiere sin mayor tropiezo.
 
El gremio equino también se ha solidarizado con los demás sectores de la producción que ven afectado su accionar por políticas de Estado poco favorecedoras, porque el caballista como muchos otros del sector agropecuario tampoco la ve fácil. Las puertas del crédito ni siquiera se abren para proyectos de infraestructura, investigación o fomento de la actividad equina, sin tener en cuenta que el Caballo Criollo Colombiano es considerado como un símbolo nacional que bien podría representar divisas al país.
 
Este momento que vive nuestro país hoy, es producto de un malestar generalizado del sector agropecuario y como toda crisis también genera una oportunidad, sería  valioso crear -porque no existe- una política que integre e identifique a cada uno de los sectores de la producción, que sea sostenible en el tiempo y sobre todo que sea la plataforma para que Colombia se convierta en una base agropecuaria del continente. 
 
Con el Caballo Criollo Colombiano en Fedequinas aportamos nuestro granito de arena, como una forma de ver a Colombia con la belleza, suavidad y nobleza que exponen nuestros ejemplares, sin embargo la esperanza  es que en nuestro país resurjan las condiciones necesarias  para poder no solo trotar sino galopar hacia el progreso.
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