Analistas

Votaré por mí, por mi región

Los lectores de esta columna serán testigos de que no utilizaré este espacio para promover mi candidatura a la Gobernación del Departamento del Atlántico, no obstante, expresaré por qué razones votaré el domingo próximo. 

El voto es secreto -es cierto-, secreto como derecho humano que es. La política es pública y prohíbe el secreto. Un deber ético, moral y plural obliga a decir mi voto. Bajo ningún presupuesto hablaré mal de los candidatos rivales. No lo he hecho y  no lo haré nunca. Sin embargo, el deber de expresar mi voto, por mí, me obliga a ofrecer razones de peso. 

Los electores dirán si comparten o no mis propuestas, pero lo que no podrán decir es que no soy un hombre público, ético, moral y pluralista. No se podrá decir que carezco de experiencia en la cosa pública y que soy mal gobernante. Sin falsa modestia, puedo decir que soy un excelente candidato para mi departamento.

Lo que me motiva a postular mi nombre como candidato es el compromiso moral que tengo con la Región Caribe para que logremos nuestra libertad política para auto-gobernarnos. He luchado por la autonomía regional de la Región Caribe (y de las demás regiones del país) y votaré por mí para que la decisión de 2.500.000 caribeños por el Voto Caribe no siga siendo burlada por el centralismo. 

Las elecciones son la espina dorsal de la democracia, por lo que debe existir garantía de imparcialidad y transparencia antes, durante y posterior al debate electoral. En la democracia moderna, las elecciones pueden garantizar el buen gobierno y la vigencia de los derechos y libertades para todos. 

La dignidad de la política se puede implementar con buenos candidatos, programas y partidos. Buenos candidatos son la garantía de que la dignidad de la política y la democracia sean fortalecidas. Un buen candidato debe ser  -ante todo y sobre todo-  un ser ético, moral y pluralista. Un ser intachable. La experiencia es otro componente de las calidades de quien se postula a un cargo de elección popular.

Las próximas elecciones son una prueba de madurez a nuestra democracia. La urna electoral es el templo de la democracia moderna. Rodear de garantías a la urna electoral es clave, por tanto, lo importante es que cada ciudadano se comporte como un sacerdote al que se le confía la guarda de las instituciones y del buen gobierno, y que actúe, en consecuencia, como un ser virtuoso a la hora de votar. 

Mi voto representa el voto por un buen gobierno. Los hechos confirman que he sido buen gobernante y al lado de esa capacidad de ejecutar 450 obras y  tener prácticas administrativas sanas y eficaces, está ese mismo voto por la Autonomía de la Región Caribe, para que se transforme en una entidad con autonomía política, administrativa, judicial y fiscal. Me propongo que se construya la Región Autónoma, Ya.      

Voto por mí porque estoy comprometido con la paz. Un compromiso que tiene claro que se requiere rediseñar las instituciones políticas y las estructuras del poder para impedir que las causas que engendraron el conflicto armado nuestro,  renazcan de las cenizas. Ellas fueron: el centralismo, la exclusión y la ausencia de libertad política.

Espero que los ciudadanos en el país voten masivamente. Que la compra de votos y el caciquismo sean derrotados. Esta es una buena oportunidad para construir buenos gobiernos de la cosa pública. Dignifiquemos la política al votar por excelentes candidatos el domingo próximo. Ningún ciudadano debe quedarse en casa. Abstenerse es ser idiotas, decían los griegos ¡Votemos bien!