Analistas

Primo Levi, el testigo de Auschwitz

En la antigüedad romana, el testigo, al declarar bajo juramento en el foro, lo que aseguraba era concebido como veraz, y refrendado con su mano derecha en sus testículos. 

La metáfora del gesto respondía a su valor como hombre y su testimonio era expresión del espíritu. Sin duda, una muestra del valor civil romano y de cómo lo que se afirma tiene que estar respaldado con la integridad moral del que asegura algo. Toda declaración se soporta en lo ético. 

Primo Levi, italiano nacido en Turín en 1919,  miembro de una familia judía, licenciado en química, fue arrestado por la milicia fascista el 3 de diciembre de 1943 en Lanzo d’Intelvi, previo al rechazo de Suiza a ofrecerle refugio que solicitó para él y su esposa. Fue detenido y remitido a los campos de exterminio por odio racial. Ante la pregunta ¿Por qué fue arrestado? Por ser judío, fue su respuesta. 

Primo Levi, testigo de los campos de exterminio nazis, en particular, del campo de Auschwitz, infierno creado por el odio al distinto y al extranjero, infierno del que fue prisionero entre el 26 de febrero de 1944 hasta el 27 de enero de 1945 y que contrario a la suerte de la inmensa mayoría, logró salvarse y luego calificó como un hombre que no necesitó ponerse la mano derecha en los testículos porque su voz es la voz del sufrimiento mismo.

Su obra literaria, preciosa y fina, discreta y real, testimonio como revelación de la verdad que desoculta lo que está más allá de la vista, por lo inverosímil de lo que significa haber ocurrido en la cultísima Alemania que se preciaba de ser el espíritu de Occidente, constituye el valor de su obra y su vigencia. Él mismo señalaba que su destino como escritor fue ordenado por la experiencia de los campos de exterminio.

El valor de su obra, entendida como un conjunto de relatos de testimonio de lo que no ha debido pasar y pasó en Europa, experiencia que tiene que ser enseñada para que el naufragio moral que significa la experiencia de la política de odio nazista, no se repita nunca más, tiene el valor de conservar fresca la memoria de que en determinadas condiciones el hombre puede regresar a fases de barbarie y de exterminio y que la condición humana es puesta en peligro.

Ese es el valor de la obra de Primo Levi, el de conservar la memoria de cuándo lo inhumano es política de Estado. Por este valor de memoria humana, de testimonio de lo que no debió ocurrir y ocurrió, que puede volver a ocurrir si se auspicia o permite la política de odio, es por lo que tiene que ser estudiado Primo Levi. Y tiene que ser estudiado como un imperativo ético.

“Si esto es un hombre”, su obra literaria y pieza central inicial de la cultura anticoncentracionaria, pone de presente que muy a pesar de que el hombre sea degradado en situaciones extremas, no podrá ser destruido y el espíritu y  la cultura humana prevalecerá. “Los hundidos y los salvados” narra la tragedia diaria de la vida en los campos de exterminio y la naturaleza del sistema totalitario y de un sistema fundado en el odio y el desprecio al otro por ser distinto y de que forma la diosa fortuna intervino.

La fortuna, si lo que no depende del hombre y que escapa a la voluntad, fue la que permitió que Levi y otros supervivientes pudieran contar lo que escapa a toda razonabilidad e idea del bien. “La tregua”, narra los días finales de la derrota de los nazis y de qué manera se produjo el aparecer y resurgir de la esperanza y el retorno del hombre a su preciada dignidad humana que había sido destruida y desterrada del corazón humano.  Leamos y estudiemos a Primo Levi y a otros autores de esta literatura.