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Galán

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Eduardo Verano de la Rosa

Simple y llanamente fue conocido como Galán. Él está en la conciencia de la política colombiana porque predicó el modelo que se requiere para que una sociedad viva a tono con un buen gobierno.

El poder político debe ser conquistado, ejercido y conservado bajo estricta guía de la ética pública, ese era su lema. No intentó adquirirlo de cualquier manera, lo intentó en forma decente.

Fue un hombre digno que vio en la política el instrumento para servir al bien común. Íntegro, que sacrificó todo y entregó su vida antes que doblegar sus principios.
Honesto, su comportamiento privado y público se orientó por lo justo y el bien. La decencia en la política la dejó como una irrenunciable herencia para todos.

Político era su vocación, no su profesión. Tenía clara la distinción de Max Weber. Político porque amaba servir a su patria y al prójimo, por esto enfrentó en forma enhiesta la profundización de la crisis ética del sector público. Valiente y erguido, no se amilanó ante la alianza nefasta entre narcotráfico, clientelismo y corrupción. Una alianza maldita que lo asesinó y ha hecho un daño irreparable a todos los colombianos.

Percibió la presencia del invisible dios del mal en la sociedad política contemporánea: la corrupción. La hizo visible y la sacó a flote. La reveló y la puso a la vista de todos y la enfrentó, sin doblez y sin cederle el mínimo espacio. Reveló la alianza entre el narcotráfico, el clientelismo y la destrucción de la esfera de lo público.

A esta infame alianza la enfrentó en su Partido Liberal porque estuvo convencido de que la buena causa programática de su partido tenía que ser salvada, conservada y enriquecida con una ética a toda prueba. Un político que defendía las instituciones del Estado de Derecho y las conquistas del Estado de Bienestar, por consiguiente, nunca cedió ante la destrucción de lo público y de las conquistas sociales impulsadas por el neoliberalismo.

En el Partido Liberal la ética pública era amenazada por el clientelismo y la ausencia de la democracia interna, por lo que no dudó en hacer un fuerte debate público al sistema del bolígrafo y la componenda en la oscuridad del inframundo como medio para seleccionar sus candidatos a la dirección del partido y a las corporaciones públicas. Ante la negativa a la democracia interna, como militante liberal formó una fracción pública y la disolvió cuando estimó que las cosas habían cambiado.

Su asesinato probó que las cosas no habían cambiado tanto. Los partidos políticos requieren de un serio proceso de democratización para que Colombia alcance una legítima democracia.

Sin democratización de los partidos políticos no existirá democracia. Fue un defensor del proceso de diálogo como alternativa de construir la paz y superar el conflicto armado. En Galán y su pensamiento político, la paz tiene un fuerte aliado.

La democracia necesita de la libertad política de la ciudadanía y todos los colombianos requerimos de instituciones políticas que permitan autogobernarse, es decir, tener injerencia directa en las decisiones que nos afectan.

Los ciudadanos para ser iguales necesitan tener acceso a instituciones políticas que le garanticen la libertad para ese autogobierno y esto se logrará con la regionalización de la Nación. Esto lo tenía muy claro Galán. Por esta razón, su hijo Juan Manuel Galán Pachón es un abanderado de la autonomía regional. Galán nos pertenece a todos y a nuestro Partido Liberal.

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