jueves, 26 de marzo de 2020

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El hombre es un ser social, se repite hasta el cansancio. Nadie duda de esto, pero ... ¿se comporta como tal? No siempre. Hay sociedades en las que poco importa esta característica del ser humano y no privilegia su naturaleza social.
Hay sociedades en las que se antepone el ánimo de lucro y el egoísmo individual, amparados en un postulado nada cristiano: ser egoístas racionales.

No se puede discutir la naturaleza social del ser humano porque las situaciones trágicas nos recuerdan que somos frágiles y que necesitamos unos de otros. Por eso existe el valor de la solidaridad. Sin los otros quedamos al desnudo, a la intemperie, sin protección alguna.

Sentimos piedad y necesidad de socorrer al otro. Sentimos el dolor y el sufrimiento de nuestro prójimo como propio. Nos une el cordón umbilical de una naturaleza común: una humanidad.

Este valor humano está representada en la belleza de la escultura La Piedad de Miguel Ángel. El sufrimiento de la bellísima virgen María que carga a Jesús, bajado de la cruz, es lo que mejor encarna la necesidad de que tengamos un Estado de Derecho que salga a proteger, con eficacia y eficiencia, a la población en esta tragedia del coronavirus. Este es un deber de las autoridades estatales. No deben ni pueden fracasar en minimizar, al máximo, las consecuencias de este flagelo.

Lo primero que se requiere es identificar las deficiencias de nuestro sistema de salud público y sobre la marcha corregirlo al máximo.
No hay tiempo de espera. Gran parte de nuestro sistema de salud es mixto: mercado privado y el Estado atienden la población. Necesitamos que este modelo sea orientado a frenar el coronavirus. Un sistema en extremo centralizado requiere ser descentralizado ya. No puede ser que para un examen de laboratorio, los municipios deban remitir las muestras a Bogotá.

Este ejemplo, muestra cómo tiene que ser reorientada la lucha contra el coronavirus. Así no se puede enfrentarlo. El centralismo facilita la pérdida de vidas. Una cosa es coordinar la lucha desde el centro del Estado bajo la dirección del presidente de la República y otra es que todo se haga desde Bogotá. Esta pandemia nos recuerda, una vez más, que la centralización política es un vestido institucional que aprisiona la Nación y no deja nacer el federalismo.

Con urgencia se necesita reorientar la política para frenar el coronavirus. Se requiere que el universo de pruebas para detectarlo sea más amplio. No pueden seguirse practicando 800 pruebas diarias en todo el país, de esa forma no erradicaremos la pandemia.

En España se hacen 15.000 pruebas diarias y no son suficientes. En Alemania se hacen 22.000 pruebas cada día. Por otra parte, las 50.000 pruebas diarias adquiridas en Colombia no dan abasto. España adquirió 650.000 y no han alcanzado.

Faltan camas en las unidades de cuidados intensivos e intermedios en gran proporción y ventiladores. Hay que proyectar hospitales de campaña y el sistema hotelero para atender los enfermos. Las asociaciones científicas tienen que ser escuchadas y obedecidas en sus orientaciones. Solidaridad, piedad y eficacia estatal están al orden del día. Hay que dotar de protección al cuerpo médico y sus familias. Audacia, audacia y más audacia. Descentralizar es un medio eficaz. Todos a derrotar el coronavirus.