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Maduro en su laberinto

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Imposible no comentar la crisis de la frontera colombo venezolana, no solo por su gravedad sino por las implicaciones que puede tener en el futuro de ambos países.

Hay que precisar de una vez por todas que el origen de la crisis es económico, por el disparatado manejo que el gobierno venezolano le ha venido dando a la sumatoria de problemas de todo orden que hoy enfrenta. Buscar el ahogado río arriba no es más que otro disparate del presidente Maduro, quien recurre al manido síndrome del “enemigo externo” para tomar un segundo aire de cara al proceso electoral del próximo seis de diciembre cuando se renueva la Asamblea Nacional, y donde todo indica que perderá sus mayorías si no ocurre algo extraordinario.

El FMI proyecta una contracción económica del 7% a finales del año y pronostica prudentemente una inflación superior al 100%. Otro analista, el Bank of América, no vacila en advertir, con los resultados a mayo y junio de inflaciones anualizadas de 108,1% y 113,2% y con promedio mensual de 8,7% que la inflación al final del año superará los 172%, manteniendo Venezuela el triste primer lugar entre los países del orbe.

Hay que anotar, sin embargo, que los índices de precios al consumidor utilizados para los análisis, están afectadas por los controles oficiales del Gobierno que busca impedir que en ellos se reflejen los efectos inflacionarios, pero que no puede impedir la aparición de la escasez y el desabastecimiento que es lo que siente el ciudadano del común, traducidos en colas en los supermercados, y en el florecimiento del mercado negro y el contrabando estimulados por los precios de oportunidad que generan los subsidios.

Frente a este oscuro panorama, el Gobierno pierde en las encuestas pero no quiere perder las elecciones. Como en el pasado, levanta banderas anticolombianistas tratando de generar un nuevo clima político para mantener las mayorías en la Asamblea, sin las cuales, los días del régimen estarán contados.

Colombia y su Gobierno han hecho lo que la prudencia indica; sin embargo, no se ha hecho lo suficiente en el plano internacional donde ha faltado la energía y la contundencia que algunos sectores del país reclaman. No faltan especulaciones, que valdría la pena aclarar, en el sentido de que ciertas aspiraciones burocráticas internacionales de nuestra Canciller, podrían estar incidiendo en esa pasividad. 

En definitiva, la crisis hay que sacarla del Táchira para llevarla a Washington, a Nueva York,  a Quito, a San José, a Bruselas y a donde nos quieran oír, pues lo contrario, sería hacerle el juego al señor Maduro que quiere incendiar la frontera con cualquier pretexto, que no podemos darle.

No es claro y parece que no fuera oportuno sacar a Venezuela como país acompañante del proceso de La Habana como lo sugieren Pastrana y Uribe; pero no sería del todo descabellado, evaluar la conveniencia de esa poco grata compañía. Los negociadores de las Farc no pueden abrogarse el derecho de manejar la política internacional del país. Todo el mundo tiene claro que las actitudes de Maduro contribuyen eficazmente a estimular la desconfianza de los colombianos en un proceso que afortunadamente ha avanzado, de tal forma, que sería inadmisible que su éxito estuviera atado a los caprichos de un gobierno que acusa serias dificultades internas, dificultades que trata de paliar inventando para-contrabandistas externos. 

N.B. Samper no es un insensato. Como buen jugador, sabe que los partidos con Venezuela siempre se complican.  Será valioso su aporte, como emergente, en el alargue.

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