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La Ocde en segunda vuelta

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Habiendo cumplido las exigencias de 23 comités, Colombia fue admitida en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, Ocde. Colombia ha realizado cambios en la legislación y en las prácticas de gobernanza para alinear su política a los estándares de los países que pertenecen a la organización en materia laboral, judicial, comercial, lucha contra la corrupción y prácticas de soborno y cohecho, así como en el manejo de residuos industriales y demás medidas que contribuyan a la defensa del medio ambiente.

Casi no hay aspecto de la administración que no se haya tocado para ingresar al “club de las buenas prácticas”. La Ocde ha recomendado revisar la carga tributaria de las empresas buscando la creación de nuevos y mejores empleos.

En educación llama la atención sobre su calidad, habida cuenta los deficientes resultados en las pruebas Pisa donde aparecemos en los últimos lugares del prestigioso club, recalcando la necesidad de universalizar la formación técnica y profesional, lo que incidirá en la mejora del PIB, al menos en 1,2% anual.

En materia pensional, coincide la Ocde con todos los diagnósticos que se han hecho en el país, y recomienda una pronta reforma que equipare derechos de hombres y mujeres, incremente la edad de jubilación y restablezca la equidad, incluyendo el incremento de recursos para la atención al adulto mayor.

Tampoco escapa a la Organización la tremenda debilidad de nuestro régimen tributario, donde solo 7% de la población paga impuestos, lo que niega la posibilidad de tener los recursos necesarios que garanticen la mejora de las condiciones de vida de los colombianos.

La Ocde señala también la inconveniencia de depender exclusivamente de la industria extractiva, carbón y petróleo, que tiende cíclicamente, en el caso de nuestro país, a afectar la producción agropecuaria y la necesaria ampliación y diversificación de nuestro modelo exportador.

En general, la Ocde es un organismo de recomendación y práctica de políticas públicas sanas que tiendan a la equidad y al crecimiento sostenible de las economías, incluyendo la cooperación internacional como una necesidad frente a la ola de nacionalismo y proteccionismo que amenaza a los más débiles, impidiéndoles el acceso a los escasos recursos de cooperación para el desarrollo de políticas sociales, e impulsando la integración que permite luchar contra amenazas globales como la contaminación, el flujo de fondos ilegales, la fuga de capitales y las amenazas cibernéticas en materia de seguridad.

Claro que esos consejos no son gratis y el país debe pagar entre $15.000 millones y $30.000 millones para pertenecer a esa logia exclusiva, que podría eventualmente atraer inversión y emitir señales de seguridad y confianza a los mercados internacionales.

Llama poderosamente la atención la coincidencia de la hoja de ruta del club de países ricos y la propuesta del candidato que señala nuestro Establecimiento como de izquierda. A ocho días de la segunda vuelta presidencial, nuestra dirigencia no se atreve a reconocer las inequidades de nuestras políticas públicas.

Tuvimos que rogar cinco años y suplicar la admisión en el exclusivo club para que nos mostraran esas debilidades. El Presidente que se elija tendrá que adelantar las reformas que propone la Ocde, y pese a los señalamientos y descalificaciones del Establecimiento, la propuesta de Gustavo Petro coincide, casi en un todo, con esa agenda. El candidato de la Colombia Humana merece mi respaldo.

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