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Analistas 16/10/2021

Desarrollo regenerativo: nuevo camino

Diego Gómez
PhD, Profesor EIA, Director ECSIM

Latinoamérica enfrenta el reto de superar la pobreza y construir una sociedad incluyente dentro de una situación de crisis climática que conllevará restricciones y marcos de exigencia en los mercados globales y las relaciones multilaterales. ¿Cómo construir un proceso de transformación económica y social que concilie estos retos? La respuesta está en un nuevo enfoque del desarrollo y el medio ambiente: El Desarrollo Regenerativo. Su aproximación busca una comprensión integral y de largo plazo de la superación del reto ambiental. Un ejemplo es el análisis del impacto ambiental de la superación de la pobreza (Gallón et al, 2012).

En un documento publicado a comienzos de este año, se presentó una iniciativa de la cual surgieron los siguientes apartes (Álvarez et al, 2021). Desde los aportes del Club de Roma en el libro “Los Límites del Crecimiento” (Meadows et al, 1972), se inició a nivel global una creciente formación de conciencia sobre los retos de la especie humana. Las reacciones iniciales rápidamente se configuraron en tres grupos que han marcado posteriormente el desarrollo de la discusión.

Primero, el grupo de los escépticos ha insistido, cada vez con menor éxito, en la limitada existencia de impactos al medio ambiente y la limitada o nula existencia de un fenómeno de cambio climático. No obstante, parte de su aparente descrédito, un presidente de la nación más rica del mundo (EE.UU.), fue elegido habiendo hecho manifiesta su postura antiambientalista. Y la segunda nación más poblada y segunda economía global, China, mantiene una postura de no atención prioritaria a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero o de impactos ambientales derivados de otras causas.

Desafortunadamente, en el mismo nivel de discusión reactivo se ubicaron rápidamente los grupos ambientalistas radicales (segundo grupo), quienes, aunque partiendo de una postura básica, han contribuido a generar conciencia global sobre el problema de la sostenibilidad y se han configurado como un factor político de control que era necesario.

Paradójicamente, esta postura deriva en consecuencias de alto impacto ambiental. Un ejemplo reciente lo estamos viviendo en Colombia: hay organizaciones ambientales radicales que tienen como propósito detener la Hidroeléctrica de Ituango. Dejando de lado los problemas en el avance de la obra por los derrumbes en los túneles de desviación. Si estas organizaciones hubieran tenido éxito en su empeño, el proyecto de respaldo para reemplazar la eventual energía faltante de Ituango hubiera sido una térmica a carbón. Se trata de La Luna, con una capacidad de 900 MW, tal como se reveló en la subasta de energía firme para el año 2022 que el gobierno colombiano convocó.

El tercer grupo se presenta en el ámbito de la sostenibilidad, el desarrollo sostenible y, más recientemente, el desarrollo regenerativo. Esta propuesta es una alternativa coevolutiva que se enmarca en una trayectoria de progresiva coexistencia con la naturaleza y aprovechamiento de los ecosistemas. Su propuesta central es avanzar en la expansión de las capacidades requeridas para la superación de la pobreza con proyectos sostenibles y regenerativos, y en la sustitución de las explotaciones y producciones no sostenibles por nuevos proyectos amigables con el ambiente. Bajo este enfoque la solución no es “no hacer”, sino hacer las cosas de una manera nueva. Por lo tanto, el camino sensato para Latinoamérica debería involucrar los conceptos “verde” y “regenerativo”, para llevar a la sociedad a producir y exportar todo tipo de bienes: agrícolas, mineros, industriales y servicios de alto valor agregado con sello de sostenibilidad.