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¿Y ustedes qué harían?

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Diego A. Santos - diegosantos1978@gmail.com

Domingo. Hora del almuerzo. Toda la familia en la mesa de la cocina. Toda la familia es mi señora y mis dos hijas, de seis y cinco años. Una pasta deliciosa, aunque los camarones un poquito crudos, debo decir. Mi hija menor riega el jugo. La mayor, en tanto, nos pregunta a la mamá y a mi: ¿me prestan su computador para revisar una cosa en Google?

De una manera muy coordinada, al unísono la mamá y yo le respondimos: “Sí, claro mi vida”, le dije yo. “No, de ninguna manera”, respondió la mamá. Mi hija nos mira entre feliz y desconcertada; sabe que se avecina un regaño de un papá a otro y ella está ahí lista para observar el espectáculo.

Mi señora me mira a los ojos, yo la miro a ella. Miradas desafiantes. Ahorro al lector el compartirle la sacudida verbal de la que fui víctima durante un par de minutos y les resumo la situación con la conclusión. Se impuso el criterio de la mamá. “Mi vida, tu mamá y yo hemos decidido que no, que uses la enciclopedia del abuelo Alejandro”, le dije.

Seguramente muchos padres de familia han vivido este momento y quizás lo han resuelto de manera diferente, aunque seguramente la mamá siempre ganó. Sin embargo, en mi caso, pese a la victoria de “ella”, creo que esto da para una discusión más profunda y que es crítica para el desarrollo de nuestros hijos en un mundo claramente tecnológico.

No creo que el camino sea prohibirle a los hijos el uso de aparatos tecnológicos. Los tiempos cambiaron y negarnos a aceptar esa realidad, o mejor dicho, imponerles a nuestros hijos una realidad basada en el mundo en el que nos tocó crecer a nosotros puede ser un grave error, sobre todo de cara a su futuro laboral.

Es cierto que el mal uso de la tecnología puede ser muy peligroso, pero alejar a los jóvenes de las herramientas que están construyendo el futuro de la humanidad es equivocado. Los padres de familia no solamente tenemos la obligación de guiar a nuestros hijos en el mundo real, sino también en el virtual.

Nuestro deber como papás es el de enseñarles a utilizar la tecnología disponible hoy en día, y la que llegue. Ellos, por más que nos rehusemos a darles un celular de niños (yo estoy de acuerdo con que no sean propietarios de uno hasta los 14 años), son ciudadanos digitales. Y ello conlleva unos retos importantes cuyo abordaje no debe ser el de la prohibición.

Varios expertos en educación son claros al respecto: la tecnología empodera, y no solo a los adultos. También a los niños de todas las edades. Existen hoy programas de enseñanza muy útiles que despiertan aún más su creatividad. “Los niños conocedores de tecnología estarán mucho mejor preparados para un mundo laboral que será predominantemente digital”, resume el diario The New York Times en un maravilloso especial sobre cómo educar a los niños en esta era digital. Muchas veces los padres recurrimos a la prohibición por nuestra propia ignorancia, porque no sabemos cómo lidiar con el tema. Es por eso importante que nos documentemos bien, que hagamos el esfuerzo en entender un mundo que para nosotros los adultos cada vez nos es más complejo.

Puede ser que en la discusión con mi señora yo tampoco esté en lo correcto, pero no me cabe la menor duda que este es un debate que no es solo del colegio, sino también de la casa, y que los papás debemos empezar a tener de una manera informada y responsable. ¿Qué posición tienen ustedes?

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