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¿Vamos hacia una tiranía de algoritmos?

El tema viene discutiéndose cada vez más, sobre todo en Estados Unidos. ¿Está preparada la humanidad para entrar de lleno en la era de los algoritmos? O puesto de otra forma, ¿de entregarse a sus brazos con fe ciega e ir cediéndoles el control de todas nuestras decisiones?

Los algoritmos están en todas partes. Si usted está viendo este artículo en su cuenta de Facebook es porque un algoritmo consideró que podía resultarle interesante. Internet no funcionaría sin algoritmos; los buscadores, mucho menos. Waze calcula las mejores rutas para ir de un lugar a otro gracias a estos. Y así con muchas otras cosas que ni nos imaginamos.

Para quienes no tengan muy claro qué es un algoritmo, Wikipedia lo define como un conjunto ordenado de operaciones sistemáticas que permite hacer un cálculo y hallar una solución a un problema. La idea “altruista” detrás de los algoritmos, si es que en este mundo hay algo altruista, es optimizar el funcionamiento de todo.

¿Por qué entonces insinuar que vamos hacia una tiranía cuando la evidencia sugiere que los algoritmos han tenido un efecto muy positivo en nuestras vidas? Pues porque todo lo bueno tiene también sus cosas negativas. Y esto es lo que ha venido explicando en los últimos meses el centro de investigación Pew con una serie de expertos, universidades y gerentes de compañías.

En un informe de 87 páginas, con múltiples fuentes de información, los expertos entrevistados concluyen que sin una regulación clara, sin reglas transparentes y sin una extensa capacitación a la sociedad sobre las ventajas y desventajas de depender de los algoritmos, entregarse a estos podría resultar catastrófico.

¿En qué sentido? En manos poco éticas, los algoritmos podrían darle un control absoluto a gobiernos y corporaciones sobre sus ciudadanos. No solo eso, podría reducir de una manera dramática nuestro acceso a la información, lo que cercenaría nuestra posibilidad de escoger o tomar decisiones. Y peor aún, podría dejar obsoleta a la raza humana en el campo laboral.

Si bien los algoritmos son algo que no vemos, ya forman parte de nuestro ADN. Tanto así que el experto en Inteligencia Artificial, Barry Chudakov, señala que si dejaran de funcionar todos los algoritmos del planeta, el mundo colapsaría. “Siendo así las cosas, nuestro reto es entenderlos mejor y aprenderlos a manejar”, agrega.

Por eso algunas de las inquietudes que plantean los expertos son más que válidas. ¿Vamos encaminados a una sociedad de zombies que basarán todas sus decisiones de vida en lo que le recomiende una aplicación o algún dispositivo similar?

A su vez, argumentan que si bien existen miles de beneficios, el potencial para hacer el mal es aún mayor, ya que la falta de reglas y el silencio abrumador de las empresas en torno a cómo programan sus algoritmos es “tenebroso”.

¿Qué hacer entonces? La verdad es que Colombia, sola, poco puede hacer, pero debería iniciar una conversación con bloques regionales al respecto, ya que estamos en manos de las grandes empresas tecnológicas, de los entes reguladores estadounidenses y europeos y sus respectivos gobiernos.

El mundo está cambiando a una velocidad frenética y aún no sabemos cómo regular de una manera transparente y eficaz el mundo tecnológico. Va siendo hora de que los legisladores le den la importancia que merece.