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#Suicidio

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“No me cabe la menor duda de que Instagram ayudó a matar a mi hija”, cuenta el papá de Molly Russell, una adolescente británica de 14 años cuyo suicidio ha expuesto el lado más macabro y tenebroso de esta red social.

En un reportaje publicado esta semana sobre la muerte de la joven, ocurrida en 2017, la BBC se pregunta qué tanto está haciendo una plataforma como Instagram para proteger a los menores de edad frente a las decenas de miles de historias que se suben en su red incitando a los jóvenes a matarse.

Si bien el caso ha llevado a Instagram a anunciar que pondrán pantallas de protección para ocultar imágenes en las que aparecen personas que se autoinflingen daño, expertos consideran que esto no es suficiente.

Resulta sorprendente, por ejemplo, comprobar lo fácil que es acceder a contenido clasificado bajo las etiquetas de #suicidarse, #suicidio, #matarse y #noquierovivir, entra tantas otras.

Sin embargo, resulta preocupante que ante el consumo de este contenido, el algoritmo de la plataforma le arroja al usuario material que ofrece contenido similar: sugerencias de etiquetas como #vidadepresiva, #novalgonada, #odiotodo, #mequierosuicidar y un largo etcétera que lo deja a uno perplejo.

¿Qué mecanismo de protección ofrece Instagram? Ninguno. O bueno, al hacer alguna de estas búsquedas, la red lo enfrenta a un mensaje con dos opciones: “recibir ayuda” o “acceder al contenido”.

La primera opción lo lleva a uno a la posibilidad de contactar a un amigo, a un experto o a leer material de ayuda. La segunda, en cambio, le abre las puertas a un mundo de imágenes de personas cortadas, de cuchillas, de figuras ahorcadas y mensajes para acabar con la vida.

¿Cuál es la corresponsabilidad que debería tener Instagram, o cualquier otra red social, en la protección de la sociedad, en particular los más jóvenes? Según la Organización Mundial de la Salud, unas 800.000 personas se suicidan cada año en todo el mundo, lo que constituye la segunda causa principal de muerte en las personas entre los 15 y 29 años.

El Tiempo publicó recientemente un reportaje muy serio en el que concluye que esto se convirtió en un problema de salud pública.

Pero la corresponsabilidad no es solo de Instagram. También es de las otras redes sociales donde abunda este contenido. Si bien estas empresas bajan de vez en cuando algunos posts, se han quedado muy cortas en combatirlo.

Argumentan, por ejemplo, que es una ventana por la cual pueden expresarse y buscar ayuda muchos jóvenes. No obstante, al ver uno gran parte de las historias y los comentarios que hay al respecto, uno se pregunta qué clase de ayuda es la que encontrarán.

Hace unas semanas, un prominente político de Cambio Radical, y prominente no precisamente por lo ilustre, dijo que había que regular las redes sociales. Lastimosamente, el sujeto en cuestión lo decía para proteger a los políticos de los insultos y no para cuidar a los menores.

En cambio, el gobierno británico, está elaborando un extenso documento sobre la responsabilidad que han de tener las empresas de redes sociales para con sus usuarios. “Nos están pidiendo un regulador de internet, así como imponer un deber de cuidado a las plataformas. Y estamos considerándolo seriamente”.

Colombia debería empezar a tomar cartas en el asunto. No en vano, la cifra de suicidios en nuestro país entre los jóvenes va en aumento.

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