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Robots: ¿empleo o desempleo?

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Diego A. Santos - diegosantos1978@gmail.com

En siete años, sistemas automatizados de software y robots ejecutarán de manera íntegra la mitad de los trabajos que hoy realizamos en el planeta. Así lo asegura el último estudio que publicó este lunes el Foro Económico Mundial (FEM).

La noticia, en principio, debería asustarnos, pero la realidad, dice el FEM, sería distinta. Según el informe, las máquinas, en vez de eliminar trabajos, podrían estar creando más. Dicho en números, la llamada “Cuarta Revolución Industrial” desplazaría a 75 millones de trabajadores en todo el mundo, pero generando 133 millones de nuevos puestos.

Este no es el primer informe que se ha hecho al respecto, sin embargo sí es el primero en arrojar una conclusión optimista: que habrá más y no menos empleos. Los anteriores estudios, y no han sido pocos, pintaban un panorama catastrófico para la fuerza laboral.

En realidad es difícil anticipar qué puede pasar. La generación o pérdida de empleos no depende de los académicos que realizan estos estudios. La repercusión será producto de las decisiones que tomen los empresarios, de las coyunturas que vivan sus economías y de muchos otros factores impredecibles.

No obstante, ya va siendo hora de que pongamos este tema en la agenda nacional. Tanto el sector público como el privado deberían ser conscientes del enorme reto que va a implicar la automatización masiva del trabajo. ¿Estamos preparados para afrontarlo? A día de hoy, no, y un súbito descalabro de los indicadores del empleo podría tener terribles consecuencias.

La directora del Centro de la Nueva Economía y Sociedad del FEM, Saadia Zahidi, es muy consciente de la problemática que enfrentamos. Las empresas “tienen un imperativo moral y económico de invertir parte de sus ganancias en el entrenamiento de su fuerza laboral” para el mundo que se nos avecina.
“El no hacerlo resultará en pérdidas tanto para las empresas como para los trabajadores”, dijo. Es más, en su cuenta de Twitter, @zahidi publicó un artículo cuya conclusión debería invitarnos a la reflexión: “si bien el impacto de la inteligencia artificial está siendo lento, la automatización ya llegó, y muy pocos se están preparando para ello”.

Hasta hace unos años, los cambios laborales se demoraban décadas en producirse. Los trabajadores sentían una estabilidad que les daba tranquilidad en sus vidas. Ya no es así. El desarrollo de la tecnología, la llegada del internet, el perfeccionamiento del software y el crecimiento de la robótica revolucionaron decenas de industrias y esa estabilidad laboral desapareció.

El presidente Iván Duque comprende esta problemática. Seguramente su ministra TIC, Sylvia Constaín, también. Pero este asunto no está en su plan de gobierno. Tampoco en el de los medios de comunicación o en el sector empresarial. Es cierto que Colombia afronta gravísimos problemas, y que una discusión sobre algo que nos parece tan lejano, es utópica. Qué error el que cometemos.

Más grave aún, los trabajadores, al menos muchos de ellos, ignoran el despiadado gigante que se nos avecina. El gobierno, que representa el interés del pueblo, tiene una obligación de ponernos a hablar de esto, de liderar la discusión, de analizar los pasos a seguir. De sentar a empresarios y trabajadores para delinear una hoja de ruta. No hacerlo nos llevará a una crisis inmanejable. Pensémoslo.

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