Analistas

¿Nadie nos ofrece un sueño?

A menos de un año de elegir al próximo presidente de Colombia, el libreto que tenemos ante nosotros daría para realizar una gran película de los hermanos Marx, o de igual manera, una entretenida temporada del Chavo del Ocho. 

Mal contados, tenemos sobre la mesa más de 20 precandidatos, unos que por convicción y experiencia saben que pueden llegar a la Casa de Nariño, y otros, que sin tener lo uno ni lo otro, o muy poquito de ambos, se lanzan para darse a conocer. Pero esto no es lo novedoso, pasa en todas las elecciones. Lo distinto es lo absurdo del panorama actual. Tal como vamos, salvo un milagro, parece ser que el surrealismo será lo que determine a nuestro próximo gobernante y no las ideas ni las propuestas.

La esperanza del Centro Democrático, el partido político más fuerte de Colombia, y del Partido Conservador, recae en Luis Alfredo Ramos, el exgobernador de Antioquia que tiene pendiente una decisión de la Corte Suprema de Justicia en el proceso que se lleva en su contra por presuntos vínculos con el paramilitarismo. Casi nada.

Ninguno de los que ha ido apadrinando Uribe en los últimos meses -Óscar Iván Zuluaga (retirado), Iván Duque, Paloma Valencia, María del Rosario Guerra, Carlos Holmes Trujillo y Rafael Nieto- parece convencerlo del todo.

Increíble que a estas alturas del partido, tras tanto tiempo juntos, Uribe no confíe plenamente en ninguno de ellos. O al menos en Iván, el más serio y capaz de todos. 

Por parte del lado Conservador, teniendo a Martha Lucía Ramírez (más de dos millones de votos en los comicios de 2014) y a Alejandro Ordóñez, muy popular entre la masa devota cristiana, que no son pocos, tampoco parece haber un gran convencimiento en las posibilidades de ambos.

De otra manera, no se explica la alianza de Uribe con Pastrana y que su candidato mutuo sea alguien que aunque les genere simpatía y sea cercano a ambos, desde 2006 no ha tenido ninguna figuración en la política nacional. 

En tanto, el candidato más sólido y opcionado de la izquierda, el exalcalde de Bogotá Gustavo Petro, fue hallado culpable por la Contraloría de haberle ocasionado a la ciudad un detrimento patrimonial de US$279 millones. Casi nada. Y en una izquierda más radical, aparece Piedad Córdoba, a quienes muchos ven con sumo recelo por su férrea defensa de la dictadura en Venezuela y la que podría ser la carta electoral de las Farc. Casi nada.

A este caldo no le podía faltar la coalición de la paz, en donde se está cocinando una posible alianza entre Humberto De La Calle, con su plan nacional de Valeriana, Roy Barreras, muy desprestigiado frente a la opinión pública, y Clara López, quien sufrió una abultada derrota en las últimas elecciones para la Alcaldía de Bogotá. Casi nada.

Y quedan Sergio Fajardo y Claudia López, muy interesados en un acercamiento con Jorge Enrique Robledo y Antonio Navarro. Fajardo, de los pocos que sí tiene ideas y propuestas, no trasciende a nivel nacional. Y López, independiente y valiente, no solo batalla en un país sumamente godo, sino que le pierde su aborrecimiento a Uribe. Casi nada. 

Para completar la pieza, tenemos al candidato suelto: Germán Vargas Lleras. El gran favorito necesita buscar apoyos, pero poco le ayudan las peleas que le están formando a su alrededor. Casi nada.

Y de nada en nada, nos quedamos sin sueños. Pobre Colombia.