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Los muertos más maravillosos

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Opportunity fue declarada como desaparecida el 12 de febrero de 2019. Viajó más de 500.000 millones de kilómetros como pasajera. Nadie creyó que sobreviviera 10 veces más de lo que se le pronosticó de vida.

Este es el obituario de Opportunity, un robot rover que recorrió la superficie de Marte desde 2004 hasta 2018. Fue el segundo de dos vehículos rodantes de la Nasa que descendieron sobre el planeta rojo el 25 de enero de 2004.

“Quizás, algún día, un humano honrará a esta pionera que viajó tan lejos y nos suministró detalle tras detalle sobre la historia de Marte”, concluía The Economist en uno de los más fantásticos obituarios que haya escrito en años.

Los obituarios del semanario, que reposan discretamente en la última página de la que es probablemente la revista más prestigiosa del mundo, son un tesoro escondido, una maravilla del periodismo. Podría decirse que, excluyendo a los tiranos, es la gran enciclopedia de personajes fascinantes que han habitado la tierra y pese a dejarnos, permanecen sus legados.

Más allá del poder informativo de la revista, que lo empapa a uno de qué está sucediendo en el mundo, el poder del obituario es que rescata historias que destacan a personas desconocidas por 95% de los lectores. Tanto es así que sorprende con el perfil de un robot, algo que no se lo he visto a ninguna otra publicación. Si acaso la oveja Dolly.

Si uno empieza a leer el archivo se encuentra con historias como la de Lamia al-Gailani, “la indomable guardiana de las antigüedades más pequeñas de Irak”, o la de Marcel Azzola, uno de los acordeonistas más prestigiosos de Francia. “Desataba tan torrencial de notas, a una velocidad inusitada, que asombró al legendario cantante belga Jacques Brel”, señalaba el obituario sobre el músico, que también tocó con Edith Piaf.

Está también la historia de David Austin; el creador de las rosas inglesas, un británico que a través de un concepto puramente romántico generó una compañía de rosas con ingresos anuales de más de US$22 millones. Una vida de cuento, con una que otra penuria.

Curiosamente, esta sección de la revista, fundada en 1843, apenas vio la luz en 1995. Desde entonces, sin descanso, semana tras semana, se ha esmerado en rendirle homenaje a grandes historias. En su mayoría son narrativas que inspiran, que nos muestran que en cada uno de nosotros puede haber algo que merece ser contado, alejados de los focos y de la fama. Por supuesto el obituario también habla de dictadores, de tiranos, de seres perversos que le han hecho daño a la humanidad. Pero de eso no se trata este obituario. Es en realidad un tributo, un tributo a la genialidad. A veces también a lo absurdo.

El 6 de marzo de 1997 publicaba el perfil del acaudalado Ion Cioaba, el autoproclamado rey de los gitanos en todo el mundo. Cioaba alquiló un monasterio para su coronación y más de 5.000 seguidores acudieron a aclamarlo. “Manejaba un Mercedes, lo que indignaba a algunos rumanos. Pero no todos los gitanos son pobres”, escribió The Economist con esa chispa británica.

A quien no haya llegado a esa sección, se la recomiendo. A los que ya hayan llegado a ella, no dejen de recomendarla. Pocas veces encontrarán textos tan sólidos, detallados y que exaltan las virtudes del ser humano. Obituarios que deberían servirnos de espejo para construir una mejor sociedad.

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