Analistas

El matoneo a Esteban Santos

Hay que tener el alma muy descosida para escribir la cantidad de patrañas que se han inventado en los últimos días sobre el hijo del presidente de la República. Pero eso es lo que es este país, una nación con el alma descosida que personas muy poderosas se rehúsan a que nos demos la oportunidad de sanar.

La mentira, los argumentos pasionales y facilistas llegaron para quedarse y traerán nefastas consecuencias. Lo sabemos. No nos importa. Sin necesidad de entrar a mencionar nombres, caudillos de nuestra patria y sus partidos políticos han hecho de esto su principal estrategia de comunicación. Con resultados muy positivos para ellos.  

Incapaces de ver el daño irreparable que le están haciendo al país, están felices construyendo una nación caótica, miserable y sin futuro alguno. Es la arena en la que mejor se mueven, y la que más réditos da en una Colombia carcomida por el odio y la ignorancia. Y las mentiras no son casuales. Son orquestadas, coordinadas a través de grupos de WhatsApp, armadas en blogs y propagadas en las redes sociales. Una estrategia tan eficaz como descarada, pues abusan del grado de ignorancia del país, incapaz de discernir lo coherente de lo incoherente.

El silencio de esos líderes, ante las mentiras más evidentes, no hace sino validar semejantes farsas. ¿Cómo es posible que aquellos que han sostenido el más honroso de los cargos de este país se presten para este juego? 

No solo ellos, también senadores y representantes ¿Es tanto el odio que les despierta el Presidente que no se dan cuenta de la sociedad fallida que están construyendo?

Pero sería injusto acusarlos de ser los únicos culpables. La dinámica es circular. Es decir, aquí somos todos los que estamos incendiando el país. A esas mentiras que lanzan los de allá, se les responde de igual manera. Es un ciclo de nunca acabar. 

Y eso que apenas estamos empezando. La venidera campaña presidencial va a ser sucia, quizás la más sucia de nuestra historia. Lo que hemos visto hoy palidece frente a lo que vamos a ver. Y la mentira no nos importará mientras gane nuestro candidato. La leyenda de que el fin justifica los medios nunca habrá sido tan cierta: la teoría del Leviatán llevada a su máximo esplendor.

La triste realidad es que nos hemos arrodillado al matoneo. No supimos hacerle frente, y cual virus se metió en nuestras casas. Nos rendimos a los que gritan más fuerte e insultan atrozmente, a los que mienten y a los que intimidan. Y ellos serán quienes determinen el futuro del país en 2018. 

¿En qué momento caímos en esto? Las redes sociales tienen una gran cuota de responsabilidad, pero como vaso comunicante. Sin embargo, han sido los políticos, con una irresponsabilidad aterradora, los que han allanado aún más la autopista del odio y el rencor.

¿Qué se puede hacer frente a esto? Al parecer muy poco. Donald Trump resultó electo en Estados Unidos con estas banderas. El Brexit se forjó con una estrategia similar y el No del Plebiscito apeló al espíritu más profundo del tenebroso Joseph Goebbles. Claro que en Francia renació una luz de esperanza. 

Pero nosotros no somos Francia. Lo que pasa en Colombia es grave, muy grave. Y ese reflejo no augura nada bueno. Mejor dicho, nos llevó el p….. Pero, me niego a creer que los buenos no son más, y que aún existe una halo de luz esperanzador que frene todo esto.