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El dilema de Twitter

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The New York Times publicó recientemente un extenso artículo sobre la lucha interna en la que se debate Twitter para determinar qué tipo de contenidos son los que deberían prohibir, y además delinear cuál es el camino para volver a humanizar a una red que hasta no hace mucho tiempo estaba llamada a transformar a la sociedad para bien.

Este debate no es un tema menor. Durante los últimos dos años, Twitter se ha enredado, en gran medida por su propia displicencia, en una telaraña de críticas en la que ha sido señalada de ser una auténtica cloaca.

Y así es. Twitter dejó de ser la red en la que abundaban discusiones con altura, intercambio de opiniones interesantes y debates entretenidos entre amigos, conocidos o desconocidos. Llegó a ser el lugar donde se gestaron revoluciones democráticas contra regímenes tiránicos.

En un reciente discurso del expresidente estadounidense Barack Obama en el que se refirió a la metamorfosis que han sufrido las redes sociales, una de sus frases podría aplicarse perfectamente a Twitter.

“Las redes, que otrora eran vistas como un mecanismo para promover el conocimiento, la comprensión y la solidaridad, han demostrado ser igual de efectivas promoviendo odio, paranoia, propaganda y teorías de la conspiración”, dijo.

El artículo del Times es una noticia positiva para los que aún le creen a Twitter. Inclusive para aquellos que luchan y defienden los valores y virtudes de la democracia, y que a su vez ven a esta plataforma como una herramienta vital para la salud democrática.

La reunión de las máximas cabezas de Twitter se produjo en medio de una fuerte crisis desatada porque no borraron unos trinos muy incendiarios del extremista Alex Jones y su portal Infowars. El presidente ejecutivo, Jack Dorsey, emitió un trino diciendo que los escritos de Jones no habían infringido las reglas de Twitter. Días después Twitter dijo que sí lo hicieron.

El debate en Estados Unidos fue enorme. Usuarios y periodistas de distintos medios criticaron fuertemente a Dorsey y probablemente esta presión llevó a Twitter a cambiar de parecer. Algunos tildaron a la cabeza de la plataforma de ser patético en su argumentación.

Aunque Dorsey y su equipo cada vez se muestran más intolerantes con el comportamiento inhumano en su red, el gran problema sigue siendo que Twitter solo se pellizca cuando sucede algo en Estados Unidos, y quizás en algunos países de Europa. El resto del mundo, prácticamente, les importa un comino.

Las recientes amenazas que se lanzaron en Colombia contra periodistas a través de Twitter son un claro ejemplo de esto. Pese a solicitudes formales de la Fiscalía General de la Nación de revelar los datos de los usuarios que han amenazado, Twitter ha respondido con el silencio o en el mejor de los casos con respuestas semanas después. Para ellos parece ser normal la amenaza de muerte.

A su vez, las múltiples denuncias que se han hecho de perfiles que incitan al odio y a la violencia, amén de amenazas y demás, terminan en un correo en el que se pueden leer las palabras que salen de Dorsey: “luego de analizar los trinos, concluimos que no han violado las políticas de Twitter”.

Son curiosas las interpretaciones que desde San Francisco le dan a sus propias políticas. Lo cierto es que, tras leer el artículo del Times, Twitter no tiene ni idea de cómo salir de esto. Y esta gran red seguirá siendo una cloaca.

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