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Duque: ¿con P de Presidente?

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Diego A. Santos - diegosantos1978@gmail.com

Pese al miedo y al vandalismo que se apoderaron de varias ciudades de Colombia en los últimos días, las fuertes voces de inconformismo de muchos ciudadanos siguen latentes y tienen visos de ir para largo. Frente a estos hechos, la hasta ahora narrativa del presidente Iván Duque ha dejado más preocupación que esperanza. Esto nos lleva a una serie de preguntas. ¿Está el mandatario desconectado de lo que está sucediendo en todo el país? ¿Es consciente de que los tiempos no juegan a su favor? ¿Sabe qué le está reclamando la gente? Solo el Presidente tiene las respuestas, pero el crédito para contestarlas se le está agotando. Por cada día que crece la inconformidad en su contra, más se le aleja encontrar una solución.

Varios analistas dicen no saber qué es lo que se le está reclamando al Gobierno. Y en cierta medida es correcto. Hay tantos reclamos que entre ellos se diluyen. No obstante, simplificar el análisis a una postura tan cómoda no está bien.

Los colombianos marchan principalmente contra la corrupción, contra la falta de oportunidades laborales y educativas, contra la muerte de los líderes sociales y, en cierta forma, contra lo que el uribismo representa. Uno diría que este último punto es irrelevante, pero no, no lo es. El uribismo piensa que Duque ganó porque la gente quería un país con las políticas de éste. Y no. Duque ganó porque la gente no quería a Petro. Dicha circunstancia le implicaba a Duque configurar un Gobierno con posturas más de centro, y no solo en algunos de sus ministerios, sino en todos.

Duque propone hoy una conversación nacional, pero ante el polvorín sobre el que estamos sentados, Colombia no da para un diálogo de cuatro meses. El Presidente, aunque nos cueste aceptarlo a quienes lo defendemos, no tiene una mano ganadora en esta partida que está jugando.

Sus pronunciamientos, hasta ahora, apenas tienen dos lecturas: mano dura para darle un contentillo a Álvaro Uribe y corazón grande, a modo de frases de cajón, para calmar a los manifestantes. Ni el uno ni el otro le están funcionando. No hay hechos concretos y, como bien subrayó Claudia López, la ciudadanía lo que está pidiendo es humildad para reconocer que hay cosas que van mal. En el uribismo, lastimosamente, reconocer una debilidad es una afrenta.

Pero… Detrás de las grandes crisis surgen grandes oportunidades. Ha sido en los momentos más difíciles, de mayor angustia, donde han surgido los grandes líderes. Duque se encuentra en dicha coyuntura. Solo en sus manos está el decidir si quiere pasar a la historia como uno de los grandes transformadores de Colombia, o si prefiere consumirse en las llamas de la mediocridad. ¿Quiere de verdad ser el Presidente de todos los colombianos o solo el del uribismo?

Duque, más allá de ser un personaje bien intencionado, es un tipo preparado. Es un mandatario al que se le debe abonar generosamente el no haber caído en la tentación de la mermelada, porque qué caro le ha salido. Ha tenido, además, unos logros que tristemente la mezquindad de su oposición, e inclusive la de algunos miembros de su partido, han opacado, con una narrativa dañina y eficiente.

Sigo creyendo en el Presidente, con P mayúscula, pero el país lo ha puesto a decidir anticipadamente sobre qué lugar quiere ocupar en la historia. Sería muy triste, Presidente, que se decante por ser el mandatario de solo unos pocos.

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