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Construyendo sobre dos décadas de progreso

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Los últimos 20 años han sido un periodo crucial para Colombia y para América Latina en general, pues representan el cambio más radical de las estructuras políticas, macroeconómicas y sociales de los dos últimos siglos.

Fue tan sólo a principios de la década de 1990 cuando la región empezó a modernizar progresivamente su economía doméstica. Los servicios se convirtieron en un motor cada vez más importante del crecimiento. Las políticas macroeconómicas más sólidas, las reformas estructurales tan necesitadas, una mayor estabilidad política, una menor inflación y los mayores precios de las materias primas proporcionaron la estabilidad que ahora permite efectuar inversiones a más largo plazo y que posibilita un aumento progresivo de los gastos de consumo. 

Con el fundamento logrado en los últimos 20 años, miramos hacia la próxima década y vemos cuatro sectores económicos que podrían ser especialmente dinámicos y determinantes en la configuración del futuro económico de Colombia y de América Latina. Estos cuatro sectores incluyen, en primer lugar, el consumo y el despertar de un consumidor cada vez más sofisticado; en segundo lugar, los servicios financieros y la oportunidad de “bancarización”; en tercer lugar, la energía y la posibilidad de una convergencia de las políticas y, en cuarto lugar, las infraestructuras, un talón de Aquiles que por fin se está abordando. 

El ascenso de la clase media y los ulteriores aumentos en los niveles de ingresos en Colombia y Latinoamérica podrían dar lugar a cambios importantes en el comportamiento del consumidor durante la próxima década. Estos cambios probablemente incluirán unas crecientes exigencias de los consumidores frente a los productos, una mayor sofisticación de los canales de venta (incluyendo el comercio electrónico), la disminución de fidelidad a las marcas y los cambios en los patrones de consumo de una población que envejece.

Nuestras investigaciones confirman que la movilidad social no sólo resulta en un mayor consumo, sino que se traduce igualmente en una “sofisticación” gradual de los patrones de consumo, lo que ayuda a impulsar el gasto, incluso en el caso de tasas de crecimiento más modestas. Dicho en otras palabras, a medida que los consumidores evolucionan y gastan más, el consumo se beneficiará también de la venta de productos de mayor valor agregado.

Mientras que el mayor poder adquisitivo de los consumidores crea enormes oportunidades, las empresas de consumo en Colombia y en toda América Latina enfrentarán presiones desde diferentes ámbitos. Los consumidores son cada vez más exigentes y demandan una mayor variedad y mejor experiencia de compras. La distribución se enfrenta todavía a obstáculos importantes, y las multinacionales actúan de manera más agresiva.  

Además, los consumidores en América Latina están migrando a conexiones de Internet más rápidas (móviles o fijas), lo que significa que se están expandiendo también las oportunidades de comercio electrónico. En general, la penetración del comercio electrónico representa una pequeña parte de las ventas minoristas totales en Colombia. 

Creemos firmemente en el potencial de crecimiento del comercio electrónico B2C en América Latina, sin embargo, a pesar del fuerte crecimiento, es un negocio que requiere un uso muy intensivo de capital, dado que el crecimiento de ventas exige importantes inversiones en infraestructuras y logística por encima de todo, capital de trabajo.

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