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Experiencia y prudencia a la calle

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César Mauricio Velásquez O. Periodista y profesor universitario

Las personas mayores de 65 años en Colombia están en cuarentena prolongada por riesgos diversos. No ocurre lo mismo en países como Italia o Francia, donde se cuentan miles de víctimas, menos en Alemania donde la canciller Angela Merkel se opuso de tajo: “Encerrar a nuestros mayores como estrategia de salida a la normalidad es inaceptable desde el punto de vista ético y moral”.

Según estadística, el covid ha afectado con más virulencia a las personas mayores, pero ojo, a las personas mayores con patologías graves y enfermedades crónicas. Muchas personas de 65 años y más gozan de buena salud, como también existen personas adultas, menores de 65, con diabetes, afecciones cardíacas y respiratorias. Sin importar la edad, el virus ataca y se propaga en organismos con menos defensas.

La población en riesgo no se puede definir únicamente por la edad. Debe ser protegida, pero no sometida y menos obligada. La prudencia y la experiencia de las personas mayores deben ser consideradas como líneas de conducta y acción. En este caso la responsabilidad individual, familiar y colectiva debería primar sobre la restricción gubernamental.

Por ejemplo, la confianza que se brinda a los jóvenes en el regreso a la vida cotidiana debe ser igual para las personas mayores, capaces de decidir cuándo y cómo salir ir a la calle. Hoy en diversos sitios públicos es más frecuente ver personas adultas con mascarillas y guantes, pero no así a los jóvenes millennials, considerados por algunos como ciudadanos ejemplares en valores sociales y éticos. Las aglomeraciones y fiestas, aún prohibidas, han sido promovidas también por centennials, ansiosos de rumba.

Jóvenes y menos jóvenes en diversas partes del mundo han vivido el confinamiento con sentido solidario y en circunstancias particulares. Es claro que a cualquier edad afecta el prolongado encierro, no pocas veces acompañado de ansiedad y depresión. El entorno familiar y de hogar supone el mejor refugio para enfrentar la pandemia, aún así son necesarios otros espacios de relación, práctica religiosa y deporte. Todo esto bajo las medidas de protección que podrían cumplir con mayor responsabilidad individual y social las personas adultas.

No esta bien que todos los mayores de 65 años de Colombia aparezcan en un grupo aparte y en la última etapa del desconfinamiento, es como decretar un estado de sitio selectivo. Las acciones del Gobierno en la protección de todos los ciudadano ha dejado hasta el momento un buen balance, pero este plan se podría reorientar a la atención y prevención entre ciudadanos con patologías graves, sin importar la edad.

Mayor atención gubernamental se podría brindar a los albergues y ancianatos donde viven miles de personas mayores, algunos enfermos y abandonados, necesitados de alimento, medicinas y compañía. Igual se podría proceder con los adultos que deambulan por las calles sin hogar y sin memoria.

Sin duda, el Gobierno colombiano ha respondido a los diversos problemas que ha traído y despertado la pandemia, una oportunidad para profundizar sus políticas sociales, sin paternalismos, pero sí con realismo y ojalá valiéndose de quienes ya “peinan canas“ y construyen el camino de la vida con prudencia y experiencia.

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