La élite global: los más ricos, negociantes, políticos y dueños de los grandes medios de comuniación se reune cada año en el Foro Económico Mundial en Davos, un pueblo en los pirineos suizos. Al encuentro asisten presidentes de potencias mundiales y de países ricos en recursos naturales como Colombia.

Más de dos mil personajes, entre ellos premios Nobel y hasta artistas taquilleros, comparten unos días de finales de enero para definir negocios, inversiones, políticas sociales y nuevos polos de desarrollo. Este año, los reunidos de Davos proyectaron sus riquezas y negocios sin ver ni sentir la presencia del Covid 19. Allá nadie hablo del asunto que dos semanas después explotó en Italia, cambiando sus cuentas y proyecciones.

Hoy se calcula que el PIB, en los mayores mercados del mundo, podría llegar a contraerse entre un -5% y -12%, una situación que afectaría directamente la estabilidad económica de los medios de comunicación y su futuro. Según datos consolidados, los ingresos globales por publicidad disminuirán 42.000 millones de dolares en 2020. América Latina experimentarán la peor caída, con reducciones del -10% en los ingresos totales por publicidad.

La inesperada pandemia ha dado la estocada final a muchos medios de comunicación y está fortaleciendo el poder e ingenio de las nuevas tecnologías. El miedo al contagio ha promovido la comunicación, la educación y las compras en el mundo online. Las puertas de la producción y el consumo digital se han abierto de par en par.

Se calcula que el 40 por ciento de la publicidad mundial ya está en Internet. Los cambios en los hábitos de consumo de información y entretenimiento están motivados por la inmediatez, el rápido acceso, la interacción y la variedad cambiante. Los contenidos dirigidos a nichos de receptores están descubriendo un mar sin orillas que pone en dificultad a los medios tradicionales. El crecimiento de los podcast es una muestra.

El presente y futuro está en la red. Imprimir y transportar papel es aventura costosa del pasado, algo similar sucede con la televisión o la radio informativa anclada en lo convencional, distante de lo digital y sin contenidos de calidad para los nuevos públicos.

Pero no bastan los cambios tecnológicos o la simple migración de lo viejo a las nuevas plataformas. La renovación y subsistencia depende de la armonia empresarial con la calidad de sus contenidos. Este avance debe suponer mayor estabilidad laboral y económica, así como mejor reputación de marca por sus valores comunicativos y periodísticos. La información en redes será duradera si logra ser veraz, fiable y equilibrada. Hecha con criterios profesionales.

Las formas de comunicación en la red, con sus formatos y estilos propios en los que converge el lenguaje audiovisual, textos y símbolos, definen una nueva forma que exige calidad y compromiso ético de quien elabora y dirige. No pocas veces el afán de conquistar vistas, seguidores y suscriptores ha terminado en fake news y luego en demandas millonarias por calumnia o injuria.

El salto tecnológico no puede suponer un olvido de los principios éticos y profesionales del periodismo de calidad, principios que al final marcarán la diferencia frente a tanta basura que se difunde en todos los formatos. Pueda ser que la pauta publicitaria alcance, según las proyecciones de los magnates de los medios del foro de Davos, y así garantizar la pregonada democratización de la propiedad de los medios, la libertad de expresión y el respeto a quienes se rehusan al adoctrinamiento ideológico cargado de mentiras, consumismo y hedonismo.