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Analistas 28/05/2026

No vote por los de siempre

César Mauricio Rodríguez Zárate
Teniente coronel (RP) PhD. Research Associate Leiden University

Colombia se acerca a una de las elecciones más decisivas de su historia reciente. El próximo 31 de mayo no estará en juego solamente la alternancia democrática del poder; se decidirá el tipo de nación que heredarán nuestros hijos: una república donde puedan ejercer sus libertades ciudadanas, la libre empresa y el equilibrio de poderes, o un país sometido a un proyecto político que desprecia las instituciones, ataca a los organismos de control, amenaza la propiedad privada, divide a la sociedad y pretende concentrar el poder bajo discursos de cambio del Estado, a través de una Asamblea Constituyente Popular.

El voto no puede ser producto del odio ni del resentimiento social. Colombia necesita ciudadanos capaces de diferenciar la manipulación emocional del político de turno. Por eso no vote porque le subieron el salario mínimo. Porque hoy usted está viendo cómo despiden a su compañero de trabajo, porque su empleador, al que esa narrativa de odio de clases etiqueta de “rico”, no tiene cómo sostener todos los costos de operación impuestos en estos años y, por ende, no tiene cómo pagar la nómina. Mañana puede ser usted.

No vote por quienes destruyeron bienes públicos, fachadas, Transmilenio, pequeños comercios; bloquearon vías y ciudades. Recordemos el pánico generalizado de las hordas de violentos asaltando viviendas en Cali y Bogotá, a quienes no les importó que estuviéramos en plena pandemia.

No vote por quienes arruinaron las finanzas públicas en estos 4 años, creando cargos y contratos a diestra y siniestra, porque no habrá cómo sostener la salud ni las pensiones: sí, la pensión de sus padres, su pensión de vejez. Tampoco vote por quienes destruyeron la posibilidad de miles de jóvenes de acceder a la educación superior, gracias al desfinanciamiento del Icetex. Esos que los usaron en el mal llamado estallido social y les prometieron “el cambio”, oportunidades, estudio y trabajo, y hoy huyen del debate y no les dan la cara.

No vote por quienes proponen acabar las altas cortes, atacan la Registraduría, el Banco de la República y las instituciones que hacen contrapeso al poder. Porque mañana no habrá quién proteja su patrimonio y sus derechos. No vote por quienes prometieron la paz y juraron acabar con los grupos ilegales en 3 meses, porque hoy nos tienen sometidos a una violencia desbordada, con un crimen envalentonado gracias al ropaje de impunidad que les otorga la llamada “Paz Total”.

No vote por quienes han humillado a nuestra Fuerza Pública, maltratando a nuestros policías y militares; a quienes retiraron sin explicación a valerosos uniformados que enfrentaron el crimen organizado y la corrupción por “inconvenientes”. No vote por quienes destruyeron el mérito, mancillaron el honor y la moral de las fuerzas. Muchos sienten legítima frustración frente a la corrupción y la desigualdad, pero sería un grave error entregar el país a una política marcada por la prepotencia ideológica, el revanchismo y la división permanente entre compatriotas.

Por eso, vote por quienes defienden el orden institucional y las libertades. Vote por quienes incentivan el trabajo y la iniciativa privada. La empresa no es el enemigo; por el contrario, es la fuente de empleo y progreso para millones de familias. Cerca de 95% de las empresas en Colombia son pymes: peluquerías, tiendas de barrio y pequeños emprendimientos; no son “ricos oligarcas”. Defenderlas no significa proteger privilegios, significa cuidar el sustento nacional. Atacar la empresa es morder la mano que da de comer, es desincentivar al que crea un puesto de trabajo: su trabajo.

Vote por quienes, sin miedo, han manifestado públicamente el respeto a la vida y la familia. Vote por quienes recuperarán el honor de nuestra Fuerza Pública y les darán herramientas jurídicas y capacidades, porque sin seguridad no hay libertades y sin libertades no hay desarrollo. Vote por quienes creen en el poder de la educación como solución a los problemas estructurales de atraso y violencia.

Por eso, este domingo no bastará con votar. Habrá que hacerlo con responsabilidad histórica, sin odio, sin fanatismos y sin miedo, con criterio y sin ingenuidad. Porque de esta elección dependerá si el país sigue siendo una democracia imperfecta pero libre, o si entra en un camino incierto donde comience a desaparecer lentamente. Colombia merece futuro, y el futuro comienza respaldando un liderazgo firme que no siga el camino de los de siempre.

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