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Analistas 14/01/2022

2022: No será tan fácil

Cecilia López
Economista

Las expectativas son una variable clave en las decisiones de inversión en un país y a su vez ésta es fundamental para el crecimiento de la economía como parte de la demanda agregada. Por ello, los análisis sobre el futuro son un arma de doble filo. Si se platean grandes nubarrones o, peor aún, si se exageran, se desestimularán motores de la economía, pero si se subestiman los problemas que se cometerán errores de política que impedirán resolver exitosamente las dificultades. Bajo esa premisa Colombia se enfrenta a una disyuntiva. O le cree al triunfalismo económico del gobierno o acepta el mensaje de la Cepal. Este señala que en 2022 se desacelera el crecimiento regional y que además solo en el 2025 los países emergentes recuperarán su trayectoria de crecimiento. De acuerdo con sus pronósticos, Colombia no será la excepción.

El presidente Duque señaló que el crecimiento esperado para el 2021 rompía récords históricos y por consiguiente ha dejado en el ambiente la idea de que las dificultades económicas han sido superadas. La verdad es que las cifras de la Cepal muestran que muchos países tuvieron altos crecimientos y Colombia aparece ubicado en el puesto séptimo, lejos de Perú, 13,5%, Panamá, 12,4%, Chile 11,8%, República Dominicana 10,4%, El Salvador, 10,0%, Argentina 9,8%. Colombia creció más que el promedio regional, 9,5% frente a 6,2%, pero el mismo milagro lo han podido señalar 6 países más. Se abstuvieron sus presidentes de hacer semejante alarde porque sí entendieron que se trataba de un rebote por la inmensa caída en el 2020, y que el aumento real con respecto al 2019 era inclusive menor del ya considerado bajo de muchas de esas economías antes de la pandemia.

Cepal acaba de sacar sus proyecciones regionales y por país para el 2022. Es un duro aterrizaje a la realidad que más le vale a Colombia tratar de entender y actuar en consecuencia. América Latina desacelerará su crecimiento en 2022, 2,1% promedio y Colombia tendrá el puesto séptimo con 3,7% después de: Panamá, 7,3%, República Dominicana, 5,5%, Honduras 4,5%, Guatemala, 4,3%, Paraguay 3,8% y El Salvador, 3,8%. Compartirá con Costa Rica el 3,8%. Más que el promedio regional, 2,1%, pero un nivel por debajo de lo que requiere el país.

A este aterrizaje se le deben agregar varias realidades que obligan a ser realistas, a reconocer lo positivo y lo negativo que vamos a enfrentar, y sobre todo, a ser conscientes de que tenemos que agregar problemas como: crecimiento sin empleo, la informalidad laboral, la inflación sobre todo de alimentos, 13%, un déficit externo de 4,4% del PIB, un déficit fiscal proyectado de 8,6% del PIB, ese sí según Kalmanovitz el más alto de los últimos 115 años. Además, ya en octubre del 2021 la deuda externa era 53% del PIB.

Estas cifras hay que ubicarlas en un escenario realista: un gobierno que tratará de no reconocer cifras negativas durante los ocho meses que le faltan, cuando no de exagerar su optimismo, y una campaña electoral que no ha logrado tranquilizar al país con mucho ataque personal y pocas propuestas. Definitivamente, el 2022 no será tan fácil.